Hola, soy Zola. De nuevo he de hacer acto de presencia porque si no reventaría. Necesito cotillear todas las novedades que ocurren por mi guarida, una guarida democrática donde los cuatro patas ganamos por goleada a los bípedos, aunque se crean que son los que mandan.
Esta primera imagen es para dar fe que aunque ya he cumplido la cuarentena humana (6 años x 7) sigo tan fermosa como cuando comencé a escribir en este blog.
Jota no, que se chinche.
Esta entrada es para dar constancia del primer "pelao",(¿o se dice corte de pelo en idioma educado) que le han hecho a la mona de Zola, de año y medio largo, es decir en plena adolescencia, pero ya con edad de entrar en la "pelu". Además, por ser buena, le han regalado un collar nuevo, que su gaznate (¿o se dice cuello?) se ha reducido ostensiblemente.
Aquí tenemos el vivo ejemplo de cómo la he recibido. No se asusten los "no perrunos", le estoy diciendo que huele diferente y que no está mal del todo.
Al final sale Thelma, la perrita de Pablo, su hijo, ayudando a "misa perruna".
Por fin lo hemos dejado, pero necesitaba asegurarme de nuevo que era nuestra Vega, la de siempre, solo que sin aquella pelambrera de antaño y con el lomo suave como culito de bebé.
Un ejemplo del antes
Thelma fiel notario de nuestras fechorías. Ella solo ladraba, pero no se atrevía a intermediar, por si acaso. Lista la Westy.
Aquí estamos las tres pilladas in fraganti. Yo, Zola, sigo oliendo a Vega, que no me lo acabo de creer.
Ya cansadas y satisfechas volvemos a nuestro lugar favorito de la guarida.
Pero Vega no parece recordar que ya no tiene pelambrera y vuelve a colocarse a la fresca, como siempre.
La pobre.... cuanto cuesta deshacerse de los viejos hábitos ¿verdad?

























