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jueves, 16 de agosto de 2018

EL FILÓSOFO IGNORANTE



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Es precisamente el exceso de ambición y la presunción que la acompaña lo que ha hecho hasta hoy tan ineficaces a los filósofos. En un párrafo contundente de este libro, Voltaire traza un balance desolador:
“Desde Tales hasta nuestros profesores de universidad, y hasta los más quiméricos razonadores e incluso hasta sus plagiarios, ningún filósofo ha influido ni siquiera en las costumbres de la calle en la que vive. ¿Por qué? Porque los hombres se conducen de acuerdo con la costumbre y no según la metafísica. Un solo hombre elocuente, hábil y acreditado logrará mucho sobre los hombres, cien filósofos no conseguirán nada mientras no sean más que filósofos.”
No hace falta decir que Voltaire quiso siempre ser ese hombre elocuente e influyente y no uno más en la caterva estéril de los filósofos digamos “puros”.
El filósofo ignorante aparece mencionado por primera vez en una carta de Madame du Deffand a Walpole, fechada en 1767. Es lógico suponer que fue escrito el año anterior, es decir ya en la ancianidad del autor. Está compuesto de apuntes breves, a veces perentorios (estilo “no le des más vueltas”) y a menudo irónicos o mejor: sarcásticos. Ni siquiera Locke, al que admiró y veneró toda su vida, se salva de algunos zarpazos. Voltaire vuelve a defender su deísmo contra todo y contra todos (en especial contra actitudes como la de Spinoza, al cual sitúa perspicazmente del lado del ateísmo a pesar de hablar tanto de Dios). Para su mente práctica y ordenada, un Ser Superior que garantice el orden racional del Universo y la ley moral, pero sin mezclarse en querellas inquisitoriales ni absurdas supersticiones, es un servicio público intelectual de primera necesidad. Si por casualidad no existiera, deberíamos inventarlo y defenderlo nosotros —es decir, los humanos que queremos vivir mejor— por razones de estricta utilidad…
En las últimas líneas, constata que el “monstruo” enemigo de la razón (al que no es difícil poner nombre y apellidos, aunque varíen a lo largo de la historia) sigue activo y por tanto quien defienda la verdad corre el riesgo permanente de ser perseguido por causa de ella. Sin embargo, a pesar de esa amenaza, no debemos permanecer “ociosos en las tinieblas”. Es el mensaje final de alguien que permaneció activo y combativo hasta su último aliento.
Fernando Savater, al respecto dixit:
Empecemos por constatar algo obvio y que sin embargo puede sonar paradójico: llamar a un filósofo “ignorante” es una redundancia. Desde sus orígenes, ser filósofo es asumir que uno no posee a sofía, la sabiduría, sino que solamente aspira a ella con amor —filía— no siempre correspondido. Ya de entrada se admite que no se es un sofós, un sabio, sino sólo alguien que duda de los saberes establecidos y suspira por un saber verdadero, tan invulnerable a la duda como, ay, inalcanzable. El sabio sabe que sabe (o cree que sabe) mientras que el filósofo sólo sabe que no sabe… pero está seguro de que le gustaría saber.
No es cuestión de modestia, nada de eso, sino al contrario, exceso de ambición intelectual: lo que el filósofo quisiera saber es algo tan vasto y esencial que desborda los conocimientos asequibles a nuestras limitadas capacidades de observación y experiencia. Por eso sus mayores triunfos se resuelven finalmente en fracasos, por eso ningún filósofo logra poner punto final a la filosofía… ni siquiera anular definitivamente a los filósofos que le han precedido y que siguen presentes en su propia obra, dudosos y tenaces. Dedicarse de veras a la filosofía es renunciar a la resignación y a la paciencia, tan sabias. El filósofo es —y pido perdón por parafrasear a José María Pemán— un “divino impaciente”.
La impaciencia de Voltaire iba por otro lado. A él no le desazonaba la ausencia de certezas definitivas y esenciales, sino la urgencia de acabar con los errores —de uno u otro tamaño— que obstaculizan el logro de una vida razonablemente dichosa y próspera para los humanos. Si alguien creyó firmemente (pese a su radical escepticismo) en el primum vivere, deinde philosophari, ése fue Voltaire. Combinaba un agudo escepticismo respecto a la posibilidad de resolver de una vez por todas las grandes cuestiones con un optimismo militante sobre la mejora de los asuntos cotidianos: está a nuestro alcance lograr una vida más racional, más higiénica, mejor informada y menos cruel… si acabamos con prejuicios y supersticiones. Los filósofos deberían aplicarse a esta tarea y no a intentar resolver acertijos metafísicos que trascienden lo que un modesto mamífero como es el hombre puede abarcar.

Un inciso de loa a cierta reflexión un tanto introspectiva:

Es creencia común que resulta difícil ser totalmente feliz, y demasiado cierto es, pero quizás resultaría posible llegar a serlo si entre los hombres las reflexiones y los planes de conducta precedieran a las acciones. Nos vemos arrastrados por las circunstancias y nos entregamos a ilusiones que nunca nos deparan más de la mitad de lo que de ellas esperamos; en fin, no percibimos claramente los medios de ser felices hasta tropezar con los obstáculos nacidos de la edad y de las trabas que nos imponemos nosotros mismos.
Anticipemos algunas reflexiones aunque se manifiesten tardías que manifiesten  lo que la edad y las circunstancias de una vida hubieran podido ofrecer de otra manera, o no, y  con demasiada lentitud. No impidamos una parte del tiempo precioso y escaso del que disponemos para sentir y pensar, y "calafateemos nuestras barcas" de momentos que sirvan para procurarse los placeres que les pueda deparar la navegación. De lo contrario sería algo parecido a permanecer en circunstancias inferiores a aquellas que nos hicieron creer y nos creímos  merecer, en otras palabras: un infierno.

Tras semejante reflexión tan solo me queda añadir que la clave debe consistir en ejercer de equilibrista emocional entre los dos polos opuestos al que pertenecemos por el hecho de haber brotado cuales "homo sapiens al cuadrado"  (qué ironía) el "supuesto polo particular"  ese que apenas si es pero cuya realidad no solo pesa sino apabulla y el colectivo al que pertenezcamos y que nos arrastra cuando suben las mareas......propiciadas por algo tan físico como los ciclos lunares/emocionales/económicos/etc, ciclos diversos al fin y a la postre.  
Ello da que pensar a esta filósofa sumamente ignorante, y cual resorte inducido, brotan espontaneamente en su mente los conceptos psicológicos de bipolaridad y esquizofrenia colectivamente congénitos que pretenden expresarse a través de la materia del mundo físico al que pertenece. ¿Cómo conseguir que semejante pareja conceptual tan dispar consiga alguna "danza equilibrada"  cuando no se ha nacido equilibrista? ¿Se podrán encontrar referencias/muletas  al respecto en el comportamiento estelar de las galaxias, del universo, de los agujeros negros? ¿Acción versus Inactividad? ¿Alternancia? ¿Y de qué manera? Decididamente, una ignorancia supina que inclina el tablón de las dudas hacia una inexorable actividad vital. 

7 comentarios:

  1. Pues imagínate, encima, además, ser un filósofo de vía estrecha como uno que yo conozco desde mi nacimiento...jajaja
    Espero que estés disfrutando con tus hijas por mi tierra...
    Besos y salud

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    1. GENIN: Ay pobre de mi. Ya hubiera querido, pero este verano por motivos diversos solo he podido disfrutar de dos días por tu tierra y he pasado bastantes apurillos, espero que superados con dignidad.
      Ahh y tengo varoncitos a los que solo he visto unas horas este verano. Para hembritas solo mis perritas! Jaa!!

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  2. Permíteme que añada el último punto de El filósofo ignorante, porque hoy se proyecta con actualidad una vez más:

    "Veo que hoy, en este siglo que es la aurora de la razón, algunas cabezas de esa hidra del fanatismo vuelven a renacer. Parece que su veneno es menos letal y sus fauces menos devoradoras. No ha corrido la sangre por la gracia versátil, como corrió hace tiempo por las indulgencias plenarias que se vendían en el mercado; pero el monstruo subsiste todavía: todo aquel que busque la verdad corre el peligro de ser perseguido. ¿Hay que permanecer inactivo en las tinieblas? ¿O hay que encender una antorcha en la que la envidia y la calumnia prenderán fuego a sus teas? Por lo que a mí respecta, creo que la verdad no debe ocultarse ante esos monstruos, lo mismo que no debemos abstenernos de tomar alimentos por temor a ser envenenados".

    No obstante, en honor a la verdad histórica, hay que recordar que no obstante los riesgos de Voltaire en su tiempo vivió con cierta comodidad en su exilio suizo, mientras el pobre Diderot, que llevó el verdadero peso de la monumental obra de las luces, L'Encyclopédie, sufrió persecución, cárcel, presiones y carencias varias para sacar adelante el verdadero exponente de la cultura liberal y de conocimiento de aquel tiempo. Por supuesto, Voltaire, al que admiro, no carece de un gran valor de denuncia, crítica y empeño contra el fanatismo y en general el oscurantismo. Quería simplemente honrar con el recuerdo al genial y tenaz Diderot, y en ese sentido recomiendo vivamente el libro de Philipp Blom, "Encyclopédie", que arroja mucha luz sobre situaciones y personajes ilustrados de la Francia del XVIII.

    Un abrazo.

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    1. FACKEL. Un privilegio tu comentario. Mil gracias. En cuanto me resulte posible buscaré ese texto y encuentre algún báculo de habituación en mi encrespada vida. De momento me lo copio en la cajita de “asuntos pendientes “!

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  3. Te dejé un comentario de esta entrada o me lo invento??...
    Fuel en el otro blog...Por Dios...me despisté :D

    Besote guapa

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    1. MANUEL. Estás en lo cierto. Es que intercambie las dos entradas entre los dos blogs activos en un día que necesitaba desesperadamente escribir algo a modo de terapia personal e intransferible y pospuse otras cuestiones.
      Por fin he tenido que reconocer mis límites en aumento si deseo mantener el tipo. :)

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  4. Todo son palabras, cuando lo aceptamos, empezamos a atisbar lo que esconden.

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Gracias por tu tiempo.