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sábado, 4 de noviembre de 2017

UNA APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE ESPAÑA según V. Vives. Capítulos 7 al 12


7- CALIFALISMO Y LEONESISMO

A comienzos del siglo X el Islam alcanza en la Península su cenit político, económico y cultural.  La introducción de las  nuevas técnicas agrícolas persas y nabateas, la mejora y desarrollo del sistema de regadíos convirtieron el valle del Guadalquivir, la depresión del Genil y las hoyas de la costa mediterránea, de Málaga a Tortosa, en admirables vergeles cultivados por una creciente población de esclavos y siervos, fatal degeneración del primitivismo igualitario del desierto.  En las ciudades, sobre todo en Córdoba, Sevilla  y Málaga la actividad de los artesanos, en el tejido de la seda, en la metalurgia y en la cerámica, respondía a las crecientes demandas de la sociedad feudal europea.  Córdoba, la capital de este mundo irradiaba prosperidad.  Circulaba el oro con profusión.  Fue esta riqueza la que sirvió de base para la reorganización del poderío musulmán en España que llevó a cabo Abderrahmán III, fundador del Califato de Córdoba (929).


Sin embargo el estado militar instituido por Abderrahmán III llegó demasiado tarde para eliminar a los reinos cristianos de la frontera septentrional.  Desde Alfonso III el reino Astur había llegado a las riberas del Duero.  Desde este centro, los reyes leoneses pudieron hacer frente a las acometidas a los ejércitos califales en una sostenida lucha, de suerte varia.  Ello dio lugar a un vivo proceso de democratización de la zona fronteriza, al otorgar los monarcas amplios privilegios a cuantos acudieron a poblar las ciudades y villas de reciente fundación, todas fortificadas.   Al mismo tiempo, ello engendró un espíritu llamado a desempeñar un notorio papel en la vida española: el castellano.
Vivía el leonesismo sus dorados sueños restauradores heredados del legitimismo astur, pero ante la realidad de los problemas cotidianos, los monarcas de León fallaron lamentablemente pues fueron incapaces de establecer una organización  militar efectiva para combinar los intereses de los montañeses que habían acunado la monarquía y los intereses de los pequeños propietarios agrícolas que defendían en las orillas del Duero además de absorber cierto estimulante militarismo “igualador”. Por todo ello se dejaron arrastrar por una serie de discordias civiles que esmaltan la segunda mitad del siglo X y que reflejan de antaño conocidas  discrepancias regionales y las contradicciones sociales.
 En consecuencia Castilla logró hacerse independiente de león en la persona del conde Fernán González (961).  Tanto Navarra y como el Califato intervinieron ampliamente en los asuntos leoneses.  Sobre todo los musulmanes que creyeron llegado el momento de hundir la resistencia cristiana, sueño y empresa del primer ministro de Hixem II, llamado Almanzor. Con él, la solución militarista de Abderrahmán III se convirtió en una verdadera dictadura mantenida por un ejército profesional de esclavos.
Pero aunque los cristianos fueron impotentes para resistir las huestes califales en campo abierto y  tras las ciudades amuralladas, las fronteras apenas sufrieron modificación. Ello demuestra que, tanto cristiandad como Islam eran ya límites humanos, de población, y no coberturas estratégicas.
Las aceifas de Almanzor, finalizadas en  1002, pusieron en quiebra a los dos grandes poderes hispánicos del siglo X: el Califato y el reino Leonés.  Coincidiendo con la recuperación general del Occidente de Europa, iba a inaugurarse en España una época de profundas transformaciones sociales, políticas y culturales.



8 - EL RETORNO DE EUROPA, EL NAVARRISMO Y EL ESPÍRITU DE CASTILLA.

Superada la calamitosa centuria que ostenta el nombre de “Siglo de Hierro”, tras las segundas invasiones bárbaras de normandos y magiares,  Europa se despereza en un amplio movimiento de recuperación.   La fuerza motriz de este proceso se localiza en la reforma cluniacense, que no sólo representa una reacción espiritual contra el feudalismo sino que reactiva la economía agraria europea.   Los Estados cristianos de la península recibieron esta influencia a través de los monasterios cluniacenses del sur de Francia, los cuales establecieron filiales desde Navarra a Cataluña.  Entrado el s. XI las peregrinaciones a Santiago de Compostela robustecerán tales influjos pues el camino  que conduce desde la cuenca del Garona al sepulcro del apostol se convertirá en ruta de comercio, de arte y de cultura y gracias a ella incluso los reinos de la meseta se vincularán directamente al espíritu de Occidente.  Este vasto proceso de renovación cultural dará lugar al Románico y  Navarra se situará como lugar privilegiado, no sólo para recibirlo, sino para  transmitirlo, puesto que por allí pasaban las rutas de peregrinación y comercio que unían la cristiandad occidental con la cristiandad hispánica.
De modo que se produjo  un sorprendente cambio político en el breve espacio de una generación  que culminó durante el reinado de Sancho III el Mayor (1000-1035). Ello otorgó a Navarra  la primacía entre los estados cristianos de la Reconquista.   Su gloria incluso llegó a Cataluña en un momento en que esta empezaba a recuperarse del choque contra Almanzor y el obispo Oliba.   Parece que es entonces cuando cristaliza definitivamente la conciencia catalana de formar una personalidad aparte. Con  Ramón Berenguer I, el viejo ( 1035-1076) se definirá el famoso Código de los Usatges” , de orden jurídico y social del lugar.
El navarrismo, espíritu hispánico montañés, doblado de europeísmo, fue llevado a la Meseta por un afortunado juego sucesorio y se vinculó a Castilla mediante el hijo de Sancho el Mayor, Fernando I .(1035-1065)  Esto eliminó a León de su calidad de reino hegemónico y dio a Castilla el primer plano en la política hispánica.  Así el pueblo castellano, de sangre vasca y cántabra, se conforma en una sociedad abierta, dinámica y arriesgada como lo es toda estructura social en una frontera que avanza.   Pastores y campesinos que truecan  cayado y arado por espada y arco tanto en la defensa contra el invasor como en el golpe de fortuna más allá de los montes del Sistema Central.  De este modo se fragua el temperamento guerrero, la voluntad de mando y la ambición de un gran destino.  Destino aventurero, temerario, imprevisor, caudillista e incomprensible para los reposados leoneses del siglo XI.
Así el armazón navarro-europeísta  con monjes cluniaceneses e inmigrantes francos dio al nuevo reino de Castilla la solidez suficiente para llevar a cabo sus primeras empresas, de no poca monta, demostrado el sentido explosivo y expansionista de muchas páginas de la historia castellana.  Ello coincidía con la disgregación del Califato cordobés y la aparición del cantonalismo musulmán.
Los tentáculos de Castilla llegarán a todas partes, desde el Atlántico al Mediterráneo. La ruptura de la línea de defensa del Guadiana haría tambalear el porvenir inmediato del Islam español.
Alfonso VI repobló su retaguardia concediendo numerosas franquicias  a gallegos, astures y cántabros  que formaron un patriciado de pequeños aristócratas: caballeros, hidalgos y caballeros villanos.  Gentes de guerra que vivían del producto de sus rebaños y de las tierras que poseían. Como fruto de esta repoblación surgieron las más típicas ciudades de Castilla.  Pero a lo largo del Tajo, empezando por Toledo, se planteó a los castellanos un problema considerable: la incorporación en masa de elementos humanos extraños e inasimilables tales como musulmanes y judíos, ambos comerciantes y artesanos en las ciudades, así como excelentes cultivadores en las vegas.  En una palabra, gente de cultura superior así como de una economía rica y compleja. En el s. XII, parece que la primera actitud castellana respecto a las poblaciones sometidas fue transigente y comprensiva.
Mención aparte merece la figura del Cid, quien en 1090 conquistó Valencia aunque el cantar que narra resulte más moderno de lo que se creía y podría fundir a dos héroes distintos: el Campeador de la leyenda, el duro vasallo de Alfonso VI, y el Cid como personaje mozárabe protagonistas de las pequeñas rencillas cantonalistas en la cuenca del Ebro, Cataluña y Valencia, un ser tolerante y humano, sentimental y fabuloso.


9 - El curso previsible de los acontecimientos tras la toma de Toledo, es decir la rápida eliminación del dominio político del Islam, la integración de musulmanes y cristianos así como la restauración de la monarquía goda en el reino de Castilla fue bruscamente interrumpido por la invasión de los almorávides, fanáticos guerreros del Sahara que tras haberse adueñado de Marruecos, acudieron a España en defensa de los  restantes reinos de Taifa.  Su intolerancia primaria e intransigente no se asemejaba a  la bandera califal y sus sucesores, los almohades,  aunque más cultos  y transigentes, recogieron  su  tendencia militar avasalladora, lo cual produjo una reacción del mismo signo entre sus oponentes castellanos y leoneses.  Al filo del s.XII, surge el ideal de Reconquista como eliminación violenta de los musulmanes de las tierras de España tanto por su calidad de usurpadores de lo visigodo como de adversarios de la fe católica.  Europa, llevada por la misma vía en su empeño místico de rescatar los Santos Lugares alienta a la Cristiandad hispánica.  Por esta causa  la Santa Sede adquiere desde esta centuria un papel relevante y a veces decisivo en la formación de España.
En Castilla, la aristocracia que se había beneficiado de las conquistas de Alfonso VI  planteaba constantes reivindicaciones a la monarquía, inaugurando así un proceso que culminaría en la gran guerra civil del siglo XV.  La repoblación había vaciado las comarcas del Cantábrico y de sus reservas demográficas.   El recién establecido condado de Portugal se dirigía hacia la independencia y arrastraba en este movimiento a la rica Galicia del camino de Santiago y de los grandes monasterios.  En resumen, la actividad de Castilla disminuye y se paraliza sensiblemente.  La liquidación del ideal neogótico y su sustitución por el de Cruzada se refleja  en el establecimiento de organizaciones religiosas y militares que ocuparon extensas regiones en la Meseta Sur e introdujeron en ellas el régimen de latifundios y economía pastoril.  Además en esta zona cuajó el tajante espíritu de la intransigencia religiosa con que se dirimió desde entonces  la Reconquista en España. Signo bien  contrario a las primeras señales  de la colonización castellana de la altiplanicie duriense, es decir, comunidades concejiles de tipo agrario y de tradición agrícola musulmana.

10 - PLURALISMO HISPÁNICO E IMPERIO PIRENAICO

Del tronco común navarro  surgió una monarquía pobre y con muy escasas pretensiones sobre un pobre y poco poblado territorio pero que desde los días de su fundador, Ramiro I (1035-1063),  poseía lo que ha dado en llamarse “la virilidad pirenaica” y respondió a un fondo indígena remotísimo, apenas alterado por la cultura romana. Reanudando antiquísimas leyes GEOHISTÓRICAS,  este pueblo de pastores empezó el ataque contra los reductos fortificados que defendían el acceso de sus rebaños a la llanura subpirenaica.  La empresa resultó durísima pero los musulmanes de la depresión del Ebro, reforzados por los almorávides, cayeron en poder de los aragoneses durante el reinado se Sancho Ramírez.
Solo hasta el reinado de Alfonso I el Batallador, (1104-1134), fue capaz Aragón de contar con auxilios poderosos para sus propósitos tales como los de  nobles franceses pirenaicos, caballeros de las órdenes Militares de Palestina. Con su ayuda logró conquistar Zaragoza y defender su conquista con la victoria de Cutanda. (1120) Lo cual abrió a los aragoneses las fértiles vegas del Jalón y del Jiloca.   Así pues de un solo golpe quedó constituido en sus líneas generales el Aragón histórico.
La viabilidad política de un Estado encajado en la depresión ibérica resultaba harto complicada, pues Castilla acechaba y  el rey Alfonso VII no tardó en plantear  sus pretensiones ni tardó en acudir a Zaragoza para hacer reconocer sus derechos, sin embargo ello resultó contraproducente, puesto que echó a los aragoneses en brazos de los catalanes, con los cuales mantenían buenas relaciones fronterizas. Fue así como el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona contrajo matrimonio con la infanta doña Petronila, hija de Ramiro II, y empuñó las riendas del poder en calidad de príncipe de Aragón.  Con visión práctica de la política se limitó a un título inferior al de rey (el de príncipe) para no ofender al monarca castellano. De este modo la cuestión castellana se resolvía con la retirada de Zaragoza de las tropas de Alfonso VII y la prestación del vasallaje de la realeza aragonesa a la castellana.
Fue, pues, la decisión catalana la que contribuyó al nacimiento de la Corona de Aragón y no una supuesta tendencia aragonesa a ocupar la fachada marítima de la cuenca.   La solución hallada se revelaría en extremo fructífera para el futuro cuando se planteó el problema del gobierno de Valencia y de las Baleares, o bien el más extenso  y complicado  de las posesiones mediterráneas de la Corona de Aragón en Italia.


Se puede observar cómo en aquellos momentos el sistema comunitario catalán derivado del concepto pactista se enfrentaba al concepto castellano.  Se trataba de dos concepciones distintas de la organización peninsular, que deberían enfrentarse a lo largo de los siglos.  Por ende también se opondrían por entonces el idealismo castellano y el realismo mediterráneo.   Sobre este punto nada más ilustrativo que comparar la actuación del Alfonso VII de Castilla y Ramón Berenguer IV de Barcelona.  Así tenemos que mientras toda la literatura oficial favorece al primero, todos los resultados políticos desembocan en el haber del segundo. Es decir el nacimiento de una España viable, forjada con el tridente portugués, castellano y el calalanoaragonés, son  los méritos incuestionables de Ramón Berenguer IV. SE TRATABA DE UN PLURALISMO QUE JAMÁS EXCLUYÓ LA CONCIENCIA DE UNA UNIDAD DE GESTIÓN DE LOS ASUNTOS HISPÁNICOS.        Además el mar se revelaba de nuevo como la fructífera senda comercial de antaño. Tampoco conviene olvidar que la orientación transpirenaica era consustancial al reino aragonés y a la casa de Barcelona. 
Los incidentes durante esta dinámica centuria transformaron la mentalidad catalana.  Aquel pueblo feudal, campesino y románico de antaño, dejó paso a una sociedad brillante, expansiva, colonizadora y mercantil.  Con la avara parsimonia que caracteriza su historia, los catalanes acaudalaron enormes reservas morales y materiales que les permitieron durante  el siglo XIII escalar, de un salto, el primer plano político en el Mediterráneo.

11 - EXPANSIÓN MILITAR EN LA PENÍNSULA Y EL MEDITERRÁNEO

 El hundimiento de la resistencia almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) ante el esfuerzo conjunto de castellanos, aragoneses y navarros, inauguró un siglo de grandes conquistas cristianas en territorio musulmán.  Finalmente quedaron aglutinados bajo un mando común sus principales núcleos: Castilla y León, reunidos de nuevo por Fernando III  en 1230 y por otro Cataluña y Aragón en la forma anteriormente indicada.   El mayor provecho del desplome del poder almohade correspondió a los castellanos, quienes se adueñaron de Andalucía excepto la región montañosa del Sudeste (Granada).  Fernando III  logró establecer un protectorado castellano sobre el reino de Murcia en 1244 mientras  acudían al mismo lugar las tropas cataloaragonesas que acababan de expugnar los muros de Valencia y Játiva.  Mediante el tratado de Almizra, en 1244, ambos grandes monarcas reconquistadores  Fernando III y Jaime I, fijaron definitivamente la suerte de Murcia en el seno de la corona castellana.


La ocupación de Andalucía resultó muy diferente a la de Valencia. En la primera Fernando III procedió a un reparto de tierras entre los nobles que le habían auxiliado en la empresa respetando el régimen latifundista prevaleciente bajo los Taifa y la dominación africana.
La sublevación de los campesinos musulmanes y su expulsión en 1263 facilitó esta medida.  Ingentes propiedades pasaron a manos de la aristocracia del Norte que desde ese momento quedó constituida en uno de los elementos más poderosos del estado sin contrapeso alguno por parte de una burguesía casi inexistente, muy diluida en las ciudades norteñas.   A este fenómeno ha de sumarse la mentalidad pastoril procedente de la trashumancia altomedieval en los territorios de las Órdenes Militares ( Castilla la Nueva y Extremadura) donde hallará una rápida expansión en Andalucía occidental. Todo ello unido a la carencia castellana de una flota de transporte que pusiera artesanía y agricultura andaluza al alcance de los mercados europeos, puesto que la marina por entonces se encontraba  en manos de genoveses.  Debido a tanta  evidencia histórica se puede comprobar el sensacional hundimiento de la economía andaluza durante la generación que siguió a la conquista.


En cambio, la ocupación de Valencia se realizó de forma muy distinta.  Aunque también hubo repartos de tierra, estos tan solo beneficiaron a los nobles en algunas regiones montañosas próximas a Aragón puesto que era por donde transitaban los rebaños pirenaicos y circulaban las caravanas laneras hacia el Mediterráneo.  El resto del país fue repoblado por caballeros catalanes oriundos en buena parte de Lérida, los cuales se establecieron en las ciudades y villas;  también por agricultores, que se adecuaron muy pronto al sistema de cultivo de la huerta propio de los musulmanes. (Es decir aprovecharon bien la cultura que se encontraron, lo cual reafirma el sentido eminentemente práctico de su gente) Esta gente llevó consigo el espíritu democrático de las comunidades agrarias de Cataluña Nueva y la monarquía consignó amplios fueros a los neovalencianos dando al país el mismo sistema de gobierno autónomo prevaleciente en las relaciones entre Aragón y Cataluña.  Este ágil mecanismo social y político favoreció el desarrollo de la región rescatada de los musulmanes, tanto más cuanto los moriscos continuaron trabajando a placer y la marina catalana fue capaz de movilizar los bienes producidos por los agricultores y el artesanado valencianos.  Simultaneamente ocurriría lo mismo con las Islas Baleares solo que en este caso la masa de pobladores provendría del Ampurdán y la Costa Brava catalana.  De este modo la ciudad de Mallorca muy pronto se convertiría en un emporio marítimo de primer orden.
El sucesor de Jaime I, Pedro el Grande (1276-1285) se vio precipitado a una gigantesca lucha contra los dos primeros poderes de la época: el Papado y Francia, para reivindicar los derechos de su esposa sobre Sicilia a requerimientos e instancias de los mercaderes catalanes. Mucho oro albigense debió refugiarse en Cataluña huyendo de la persecución de los cruzados franceses y fue este oro la palanca sobre la que saltaron los mercaderes barceloneses hacia el gran tráfico de las especias con el Próximo Oriente. Sus monarcas tuvieron que plegarse a este ímpetu colectivo sometiéndose a empresas mucho más azarosas que la quisquillosa disputa fronteriza con Castilla por Murcia
Sicilia cayó  en poder del rey de Aragón en  1282 tras una serie de operaciones navales que revelaron la potencialidad de la flota catalana en el Mediterráneo occidental.  Pero lo más sorprendente fue la respuesta de los catalanes ante la invasión de los cruzados franceses, que fueron rechazados. 
El peligro  en que se vio envuelta la monarquía catalana tuvo consecuencias políticas y sociales pues Pedro el Grande se vio obligado a conceder privilegios a la nobleza aragonesa y catalana así como a la burguesía del país.   De aquí la consolidación de cierto peculiar clima de libertad reflejado a través de sus Cortes, pero no debemos engañarnos, tan solo libertad para las clases aristocráticas del campo y de la ciudad.  Los campesinos, en cambio cayeron por este mismo hecho en un peligroso régimen de servidumbre que andando el tiempo habría de provocar una vidriosa situación agraria en Cataluña.

12 - EL ÁPICE MEDIEVAL

En las cinco décadas que cabalgan entre los siglos XIII y XIV los pueblos de España vivieron el período culminante de su historia medieval  que en tiempos más modernos alcanzaron la fase dorada del patriciado urbano.  La corona de Aragón continuó empeñada en su política de expansión mediterránea, Castilla se situó vigilante en el  Estrecho de Gibraltar, al objeto de evitar un nuevo asalto de la morisma en el país y sus empresas mucho menos brillantes que las de Aragón y Cataluña, fueron tan tenaces y costosas como aquellas. 
Jaime II, rey de Aragón practicó como ningún otro rey de la Casa de Barcelona un claro intervencionismo hispánico bien ayudando a los monarcas de Castilla para defender el estrecho de Gibraltar o aprovechándose de sus frecuentes dificultades internas para hacerse ceder porciones de territorio fronterizo como fue la adquisición de la parte alicantina, incluida Cartagena, del antiguo reino de Valencia.
Si la realidad de los hechos resulta apabullante su intimidad estructural nos revela que los pueblos hispánicos aparecen fatigados por el gran esfuerzo militar y repoblador realizado en la primera mitad del siglo XIII. Por tanto se comprende fácilmente el retroceso que experimentó la Península cuando, hacia 1270 fue preciso que el país marchara con menos hombres y menos capacitados.  Esta convulsión demográfica alteró el ser de la sociedad Castellana: feudalizó la Meseta Norte, vació de humanidad las tierras de Castilla la Vieja, (actual Castilla-La Mancha)  dio prepotencia a los caballeros en los concejos castellanos y armó de codicia a los nobles afincados en Andalucía.
En la Corona de Aragón, fue Cataluña quien más sufrió las consecuencias de la rápida colonización de las tierras del Sur, pero a diferencia de Castilla, en Cataluña, e peso del patriciado urbano era tan considerable que salvó el bache del confusionismo social creado por el desplazamiento de poblaciones.
Los caminos de la vida económica también fueron distintos. La guerra contra Francia suscitó en Cataluña la gran industria textil lanera, con una producción destinada a satisfacer los nuevos mercados peninsulares. A ello añadían el comercio de las especias y la exportación de hierro labrado, corales y cueros.  Todo ello aumentó la producción y contrarrestó las tendencias inflacionistas provocadas por la demanda de bienes de consumo. 
En cambio la evolución castellana a falta de toda actividad industrial, la existencia de un mercado de objetos de lujo, las necesidades del erario público, precipitaron al Castilla en el círculo infernal de la inflación, la alteración monetaria y el déficit permanente de la balanza comercial.   La gran solución  resultó ser establecer una fiscalidad de la monarquía sobre los rebaños trashumantes, que en ambas mesetas eran nutridos, al tiempo que Flandes e Italia se convertían en grandes compradores de lana. Así nació  “La Mesta” y se preparó la dramática paralización de la agricultura castellana.
Pero para financiar las necesidades de una monarquía, incapaz de sujetarse a sus ingresos, los reyes de Castilla tuvieron que acudir a la bolsa de los judíos.  En Italia y Francia hacía dos siglos que los hebreos habían sido eliminados del mercado de dinero, en Cataluña un año.  En tales lugares las operaciones de crédito habían sido absorbidas por los banqueros.  Sin embargo en Castilla de acuerdo con la escasa madurez capitalista de su economía, prevalecieron.   Debido a la mala fe entre prestamistas y sus solicitantes los judíos ricos atrajeron el odio de los obispos y aristócratas quienes lo transmitieron a las simples gentes de las ciudades y campesinado.  Bastaría una simple crisis económica profunda para que el resentimiento acumulado curante generaciones estallara en forma irreparable.

El mejor nivel cultural de los judíos y el superior horizonte técnico de mudéjares y moriscos acabaron haciendo mella en los resortes elementales de la sociedad cristiana.  Así se planteó el más delicado problema que sufrió Castilla hasta comienzos del siglo XVII: el de la asimilación o extrañamiento de las minorías confesionales.







4 comentarios:

  1. Veo que sigues con tu interesante repaso por la historia de España de la mano de un gran experto en la materia.
    Un saludo, Emejota.

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  2. CAYETANO. Y no pararé hasta resumirlo poquito a poco. La experiencia actual me permite comprender otras muchas cuestiones que de joven me pasaban por alto.
    Me parece ahora me atrae por su enfoque económico y psicológico. algo que coincide con los principales rasgos de mi personalidad. Vamos, por pura familiaridad, el factor más común en cualquier bichejo. Mira que venir a descubrir dicho factor tras haberlo afrentado de las mas diversas maneras. Me entra la risa floja por las entretelas!

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  3. Volveré a leer mañana, hoy se me hace tarde, pero lo veo interesantísimo... :)
    Besos y salud

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  4. He estado leyendo un blog sobre la historia de cataluña no mal contada, que me está viniendo como complemento de esta.

    Besote guapa

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Gracias por tu tiempo.