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lunes, 13 de noviembre de 2017

APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE ESPAÑA de Vicens Vives. Capítulos 17 y 18.

17 - EL VUELCO HISPÁNICO Y LA QUIEBRA DE LA POLÍTICA DE LOS AUSTRIAS

En el primer decenio del siglo XVII se vislumbran síntomas de gravísima crisis en el seno de la monarquía hispánica.  La actividad económica retrocede en todas partes, incluso en el comercio con América, hasta entonces tan próspero.  Las ciudades se despueblan y los telares enmudecen; sólo Madrid se agiganta con la inmigración de pícaros y miserables.  El hambre procede del Sur y la peste del Norte y ambos enloquecen una humanidad demasiado castigada por los implacables azotes del destino.
En las letras enmudece el reposado verbo humanista y la aparición del QUIJOTE señala el desgarro de la conciencia del escritor entre la realidad del presente y la retórica del pasado.  Ante aquel desastre, el gobierno recurre a la grave medida de la devaluación monetaria, practicada a expensas del país.  Con ella se inicia un siglo de aventura financiera que acabará con el colapso de 1680. Ante dicho horizonte los copartícipes en la empresa hispánica de Castilla empiezan a preguntarse hasta dónde han ido y si es posible continuar.   Los portugueses viven a la expectativa puesto que se han enquistado en los puestos de mando del Imperio en América y en los lugares de provecho económico en Madrid pero les duele la pérdida de la Insulindia. 
En Cataluña se sale del amodorramiento del siglo XVI  dividida por el bandolerismo y no halla en la Corte ningún alivio a sus preocupaciones.   Se susurra que el rey es “castellano”, que va a poner “orden” en la tierra destruyendo su gobierno pactista, y en adelante vendrían  obispos, abades,  virreyes y militares para sojuzgar el  lugar y preparar una explosión popular que justifique su conquista.  Mientras tanto Andalucía, Aragón, la costa cantábrica y Galicia languidecen.  Los pueblos hispánicos  entran en el período de contracción del siglo XVII con una elemental pesimista: la misma de Felipe III y sus validos.  Hay que cerrar filas y aguardar tiempos mejores.
En 1621 una nueva generación, la de Felipe IV (1621-1665) y el conde-duque de Olivares.  Continua  entre el poder andaluz y su grandeza latifundista, pero el nuevo valido es un hombre eufórico y vital que dio un rumbo distinto a la política de la monarquía sustituyendo el pesimismo faraónico del duque de Lerma por un dinamismo imperialista, como si fuera capaz de desviar el inevitable rumbo de los acontecimientos.

  (Algo que se demuestra  a lo largo de la historia es la falta de realismo y  lo ciegos que se encuentran algunas personas cuando alcanzan el poder  apoyándose en quicios desvencijados  por el paso de un tiempo ya pasado. Al fin y a la postre solo se trata de seres  humanos con un carácter teñido por las condiciones y circunstancias de  tierra e historia donde nacieron.)

La primera medida consistió en sujetar los organismos burocráticos a su omnipotente voluntad.  Los Consejos, depurados y atemorizados se le sometieron incondicionalmente.  Don ello se frustró el equilibrio administrativo ideado por los Reyes Católicos para conjugar el autoritarismo real con el interés de los cuerpos privilegiados de la nación. 
Este importante se basó en la centralización del poder en una sola mano, fue seguido por otro  no menos decisivo: el de forzar, de nuevo,  a los territorios autónomos de la monarquía a marchar al compás de la política desplegada por el gobierno de Castilla, quedando clara la intención considerada como obligación “del valido Olivares” no solo de rehacer la economía de Castilla sino de ordenar la hacienda del Estado y salvar al Imperio americano del desastre.  Consideraba todo esto preferible a meterse en los incómodos conflictos  europeos donde le aguardaban la potencialidad de Francia y Holanda.    Sin embargo, con el oro reunido en Andalucía para practicar la anterior política, costeó las operaciones militares de la guerra de los Treinta años, liquidando, así, en Europa el futuro de  Imperio americano.  (Desastre naval de Matanzas, Cuba, en 1628, Las Dunas, 1639, Rocroi 1643, incluso los piratas de La Tortuga se atrevían a enfrentarse al antiguo coloso de los mares.)  La llegada del tesoro americano será cada vez más aleatoria y la flota de Indias no podrá cruzar el Atlántico en el crucial año de 1639.

El conde-duque procuró la inevitable participación de los hombres de la periferia hispana en la colonización americana, pero sus intentos se vieron frustrados desde el principio ya que en 1622 se produjo una viva polémica en Barcelona respecto a los límites de la autoridad real al reclamo del  tono amenazador de su aplicación así como los oblicuos caminos que siguió para reducir a Portugal y Aragón a la dictadura gubernamental cuando,  cuando, si bien ni Portugal ni Cataluña habían experimentado la sangría económica y biológica de los castellanos, tampoco habían obtenido las colosales compensaciones otorgadas a Castilla a través de la explotación del continente americano ni tampoco su primacía cultural y política.   Resulta de buena lógica que al sentir en sus carnes el trallazo del conde-duque, quien sólo les ofrecía participar en las responsabilidades, mas no en los beneficios de las futuras y quiméricas empresas, se parapetaran, recelosos, tras los sólidos muros de la legislación autonómica fernandina.

Estos enfrentamientos entre PODER CENTRAL Y TERRITORIOS PERIFÉRICOS, podría haber derivado en algún tipo de compromiso más o menos satisfactorio si la intervención de Francia en la Guerra de los Treinta Años y su declaración de guerra a España en 1635 no  hubieran abierto rápidamente la brecha de la desunión política hispánica.   Esta escisión de marcado carácter tradicionalista en Cataluña fue precedida por dos fenómenos que conviene considerar para formarse idea del complejo mental de aquella coyuntura:
EL PRIMERO fue el desarrollo de la propaganda austracista fomentada en Madrid por el oro del de Olivares, el cual incluso al mismo borde de su ruina, clamaba por la universalidad de la Monarquía Hispánica rubricada por un infantil altanerismo subversivo.  EL SEGUNDO  consistía en la profunda inquietud general entre los campesinos de toda España y que en Cataluña provocó movimientos de violenta desesperación  (1639 y 1640) a causa de los inevitables choques con las tropas mercenarias y sobre todo a causa de la peligrosísima actitud del gobierno central dispuesto a que estallara aquel polvorín con la esperanza de recoger el poder absoluto una vez hubiera saltado el país en mil pedazos.

Aún se habría podido limitar aquel levantamiento popular si el conde-duque no hubiera aprovechado dicho momento para realizar su programa en Cataluña al tiempo que, a la vista de los hechos,  Francia no hubiera decidido aprovecharse de lleno de dicha coyuntura.    De este modo reverdeció la lucha de lo que en el CUATROCIENTOS  había escindido las presiones castellanas y las ambiciones francesas.  Al tiempo, Portugal se declaraba en rebeldía y elegía su propio soberano en el seno de la familia de los Braganza (1640).
Tras veintidós años de jactanciosa prepotencia y ante el fatal desenlace de su experiencia política, en 1642 el conde-duque de Olivares fue exonerado de la privanza.
Mientras, en los campos de batalla de Europa, el ejército español, mal equipado, iba  dejando a jirones las glorias de su bandera (Rocroi:  1643, Lens: 1648, Las Dunas:1658).  Portugal lograba consolidar su independencia (1668) y Cataluña obtenía el reconocimiento de sus libertades peculiares (1653).

Castilla, agotada, caía en un siniestro pesimismo mientras  Cataluña,, por reacción al programa del conde-duque, se aferraba desesperadamente a un orden legal que sentía como seguridad política pero que  le suponía un anquilosamiento dentro de una estructura económica y social ya finalizada.
Todo lo anterior impresionó tan vivamente a la Corte y sus órganos que durante el reinado de Carolos II, el doliente, la doctrina oficial fue respetar a fondo los privilegios de los territorios y de los individuos, incluidos los americanos.  Este NEOFORALISMO COINCIDIRÍA, paradójicamente, con el DESARROLLO DE VIVOS INTERESES ECONOMICOS Y de REITERADAS PETICIONES DE REFORMISMO DE LA ADMINISTRACIÓN DE LA MONARQUÍA.  La efervescencia catalana harta por los mezquinos resultados gubernamentales tales como la pérdida del Rosellón y parte de la Cerdeña debido al tratado de paz de los Pirineos (1659), apoyó en 1669 el primer golpe de Estado que en la Edad Moderna partió de la periferia de la península para reformar la administración y la política de la monarquía: el de Juan José de Austría, pero ni las circunstancias ni los personajes permitieron recoger dicho deseo de renovación que se esterilizó en un frívolo mesianismo. 

Por todo lo anterior, España, juguete en la política internacional de los ejércitos y en la vida económica de los mercaderes de Luis XVI, se convirtió en presa fácil para la absorbente ambición de Versalles.  A lo largo del reinado de Carlos II (1665-1700) se fueron perdiendo posesiones: el Artois, el Franco Condado, las grandes plazas que defendían la frontera de Flandes…. Pero lo más grave no fueron estos reveses, sino la absoluta pérdida de prestigio.  Todos podían a España, no solo en el campo de batalla, sino en las actividades económicas hasta el punto de convertir al país en mera colonia de las grandes potencias europeas. 
Se advertía que el aparato estatal español se encontraba muy por debajo de sus posibilidades aunque cien años de frivolidad gubernamental hubiesen extendido la corrupción y el egoísmo en las distintas clases sociales.  En esta nueva estela de sufrimientos Cataluña  fue el principal teatro de operaciones en las guerras liberadas contra Francia pero aceptó su responsabilidad hispánica en aras de un oficioso amor a la dinastía reinante centrado en la personalidad del doliente Carlos II.
Ante la falta de sucesión de Carlos II y la impotencia del estado para mantener sus posesiones claves en Europa, tales como Flandes y el Milanesado, Europa decidió proceder a una desmembración de la monarquía española.  Francia y Austria apetecían para sí la fabulosa herencia hispana mientras que Inglaterra y Holanda deseaban evitar a toda costa una aplastante hegemonía continental en manos de dichas potencias continentales.
Por tanto las rencillas internacionales lanzaron a España a una larga guerra de sucesión.  Así Felipe V se presentaba ante los catalanes como celoso amante de sus libertades , pero las dificultades creadas por dicha guerra fomentaron  el deseo legitimista de unos catalanes y el deseo de desquite de otros (debido a la situación creada en 1660); todo ello sumado a las eternas inquietudes sociales entre los campesinos y los artesanos. 

En 1705 una afortunada conjura preparada por Inglaterra libró a la ciudad de Barcelona de los Austracistas  pese a que los catalanes lucharon obstinadamente para defender su criterio pluralista en la ordenación de la monarquía española, sin aún darse cuenta que era precisamente el sistema que había presidido la agonía de los últimos Austrias y que se necesitaría un amplio margen de reformas en las leyes y fueros tradicionales del país, para que este se enderezara.    En todo caso, ni la actitud de Cataluña fue unánime, ni el gobierno establecido por el Archiduque en Barcelona demostró hallarse a la altura de la tarea que le incumbía en una futura España.  Por el contrario, se perpetuaron los vicios y defectos de la administración anterior, haciendo imposible la organización sistemática de los recursos de la Corona de Aragón.  Sin la ayuda extrajera, aquel gobierno habría entrado en colapso en cuestión de meses…. Pero los catalanes que seguían al Archiduque creían de buena fe y estaban convencidos que defendían, no solo un puñado de privilegios, sino la causa de España.
Mientras tanto CASTILLA, con un impulso popular muy  receloso ante la presencia de un Borbón y de ministros franceses en Madrid acabaría abrazando la causa de Felipe V. Sin embargo EN UNA DE ESAS SACUDIDAS INEXPLICABLES DE SU HISTORIA, acabaría convirtiéndose en el más firme puntal de la dinastía borbónica cuando Luis XIV se vio obligado a mendigar la paz ante la victoriosa coalición enemiga.  Es posible que en dicho cambio influyera la acción de una eficaz propaganda dirigida no sólo contra el Archiduque sino contra los catalanes, a quienes se atribuían tenebrosos propósitos de avasallamiento de Castilla. 

EN RESUMEN: EL EJÉRCITO FRANCOCASTELLANO SE IMPUSO AL ANGLOAUSTROCATALÁN EN BRIHUEGA EN 1710. Cuatro años más tarde, Barcelona se rendía a las tropas de Felipe V y España quedaba llana como la palma de la mano para aplicar una política objetiva y realista  …. Y ya vamos por 1714, pero a la mística del foralismo sucedió la mística de la centralización a todo trance, no solo administrativa, sino incluso mental…. Y EN ESTA EMPRESA TAMBIÉN FRACASARÍA LA DINASTÍA BORBÓNICA Y SUS COLABORADORES.




18 - EL REFORMISMO BORBÓNICO
Durante un siglo, de 1700 a 1808, la nueva dinastía borbónica llevó a cabo una serie de hondas reformas.  Algunas venían impuestas por la liquidación del régimen austracista; otras respondieron al arbitrismo ministerial estimulado por el ejemplo europeo en la época del Despotismo Ilustrado, las más tendieron a resolver acuciantes problemas domésticos suscitados por la recuperación de la vitalidad española vista en el aumento de población y en el auge de las actividades comerciales y manufactureras.  En conjunto, el reformismo borbónico tuvo éxito en cuanto rehízo la potencialidad de España en Europa y América, pero encauzó al Estado por vías de un rígido racionalismo CONTRARIO AL SENTIDO HISTÓRICO DE LOS HISPANO.  Por otra parte dichas reformas contribuyeron a suscitar nuevos problemas como el de la BURGUESÍA PERIFÉRICA, deseosa de expansionismo mercantil, y el del CAMPESINADO INTERNO, ávido de tierras para el cultivo.
Nuevos aires echaron por la borda del pasado el régimen de privilegios y fueros de la Corona de Aragón aunque conservaron los del País Vasco y Navarra, adeptos a la causa de Felipe V (1700-1746) y por tal causa fueron denominadas Provincias Exentas.  Sin embargo Cataluña quedó convertida en campo de experimentos administrativos unificados al objeto de que  se pagara al ejército de ocupación  encargado de vigilar el cobro del impuesto único.  La transformación  fue tan violenta que durante  quince años estuvo al borde de la ruina, pero luego resultó que el “desescombro”  de privilegios y fueros le benefició insospechadamente, no sólo porque  obligó a los catalanes a mirar hacia el porvenir sino que le ofreció las mismas posibilidades que a Castilla en el seno de la común monarquía.  Es en este período, aunque provenga de 1680, cuando se difunde el calificativo de LABORIOSO,  que  durante siglo y medio fue tópico de ritual al referirse a los catalanes.  Por entonces se desarrolló la cuarta gran etapa de colonización agrícola del país, cuyo símbolo fue el viñedo y cuyo resultado, el aguardiente, suscitó un activo comercio internacional beneficioso para todas las poblaciones de la costa.  En cuanto a la industria, lo decisivo fue la introducción de las manufacturas algodoneras, financiadas por los capitales sobrantes de la explotación agrícola y el auge mercantil.    Estos signos de revolución industrial se difunden por toda la periferia peninsular: Valencia, Málaga, Cádiz, La Coruña, Santander, Bilbao, resurgen vivamente.  Hacia 1760 las regiones del litoral superan a las del interior en población, recursos y nivel de vida.  El cambio de centro de gravedad económico es un hecho inevitable  quebrantando el monopolio andaluz sobre el comercio americano y liberalizándolo entre varios puertos españoles y americanos.  En un decenio decuplicaron las exportaciones y una riada de dinero permitió nuevas inversiones industriales y el lujo de una política exterior independiente basada en una eficaz flota de guerra. Todo ello resultó de una enjundia mucho mayor que cualquier medida legislativa ideada desde la época de Felipe II. 
Sin embargo, la Corte perseveró en su empeño de no ver las cosas más que a través de una ADMINISTRACIÓN  EN EXTREMO CELOSA DE SUS DERECHOS Y DE SUS PREBENDAS ASÍ COMO  DE LOS INTERESES DE LA ARISTOCTRACIA  ANDALUZA Y EXTREMEÑA, QUE CONTINUABA DETENTANDO EL PODER a través de los cuerpos administrativos y de sus ramificaciones en los organismos del Estado.  Contra dicha espiritualidad aristocrática, superficial y helada, el pueblo reaccionó de forma diversa en cada región.  Por un lado  el pueblo llano  dio luz al casticismo hispánico y se crea el marchamo de la ESPAÑA COSTUMBRISTA: los toros, el flamenquismo, la gitanería y el majismo.

Frente a este movimiento, “en las alturas” se desarrolla la polémica del pensamiento francés.  La filosofía de la Ilustración introdujo en España el concepto de la necesidad de una reforma educativa y social del país que le pusiera al nivel alcanzado por otras naciones en el aspecto económico, científico y técnico así como al espíritu de crítica hacia el legado religioso de
Los ministros que gobernaron en esa época procedían de la nobleza o clase acomodada eran en su mayor parte oriundos de la periferia (Ensenada, Campomanes, Jovellanos, Aranda, Floridablanca, los Galvez..) aplicaron sus esfuerzos en resolver el problema decisivo de la economía española, el de la agricultura meridional, entre ellos  proyectos de desvinculación de los mayorazgos, de desamortización eclesiástica y sobre todo el fin de los privilegios de la trashumancia de la poderosa Mesta.   
Sin embargo esa política no alcanzó las raíces del problema cuya solución exigía unos recursos económicos y una buena voluntad  demasiado alejados de las posibilidades españolas de la época: tales como los abusos señoriales aun persistentes, los latifundios baldíos y las “manos muertas”.  En Castilla no faltaba tierra para el ejército de 150.000 mendigos que pululaban por el país, pero los obstáculos resultaron insuperables e incluso las reformas propuestas por Jovellanos  en su “Informe sobre la Ley Agraria” no pasaron de ser un testimonio de previsor patriotismo.
En 1765 nadie desconocía que se vivía sobre un volcán con la posibilidad de un grave estallido de descontento popular, pues se había decretado la libertad del comercio de cereales que provocó el progreso de la agricultura pero que no consiguió abastecer debidamente a las urbes.  Al año siguiente, una cosecha corta incidió sobre el precio del cereal y levantó a las masas urbanas en Madrid y varias ciudades de Castilla y Aragón.
Los ministros ilustrados de Carlos III, hicieron recaer la culpa de la agitación popular en la Compañía de Jesús.  Esta fue expulsada de España y de América en 1767 y posteriormente suprimida por la Santa Sede. Con ello no se logró pacificar al país, pero sí terminar de modo ventajoso para los intereses de la monarquía en la lucha que esta mantenía contra el Papado en defensa de sus regalías, en otras palabras: la sumisión de la iglesia al estado.
Es evidente que  el reinado de Carlos III, paradigma del Despotismo Ilustrado en España, dio al país un tono de modernidad política y desahogo económico que habría alcanzado mayor desarrollo si el desencadenamiento de la revolución en Francia no hubiera motivado un viraje peligroso para la política interna española.  Así el ministro de Carlos IV, Godoy, solo conservó la omnipotencia ministerial y la dictadura de la administración sobre el país pero echó por la borda el programa reformista anterior y durante veinte años se incubó el espíritu revolucionario que habría de estallar en 1808 con motivo de la crisis de la monarquía.  Dicho espíritu en unos se alimentó con la llama de la tradición dinástica y en otros con el alborozado deseo de sumergirse en el desbordante océano de ilusiones surgido de la Revolución francesa.


6 comentarios:

  1. Siempre dije a mis alumnos que la historia pasada ayuda a entender el presente. Y que de los errores se aprende. Pero algunos, oye, parece que le han cogido el gustillo a equivocarse.
    Un saludo, Emejota.

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  2. Los Borbones...¿Aplicaron el 155 o similar? :)
    Besos y salud

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    1. GENIN. Ay, ya veras en la próxima y última "entrega"!!
      Recuerdas la cancioncita: "Maria Cristina me quiere gobernar, y yo le digo, le sigo la corriente...."

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  3. Carlos III...En estos días pasé por la Puerta del Sol y le vimos...

    Besote

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Gracias por tu tiempo.