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martes, 31 de octubre de 2017

Resumen capitulos del 1 al 6

1 - LOS PRIMEROS POBLADORES.
Hace quinientos mil años más o menos, unos grupos de pitecantropienses dieron su pláceme a la Península hispánica y se establecieron en ella.  A buen seguro los llamados australopicienses, que aparecieron hacia el 700.000 no se alejaron mucho de su lugar de origen en el Africa austral.  Una existencia tan lejana en el tiempo siempre resulta provisional y contingente, siempre reinterpretada a golpe del nuevo hallazgo que tenga lugar en nuestro tiempo.
Con la expansión de la humanidad neandertaloide la cultura va a recibir un gran empujón.  Los nandertalenses llegarían a la Península por el Pirineo y prácticamente la ocuparían por entero. Se desarrolló cierta compleja técnica artesanal conocida como “musteriense”. Tardaría unos mil años en organizar un rudimentario culto funerario  y fue entonces cuando el ritmo de la historia se aceleró notablemente.
Con cuatrocientos mil años por la popa pasamos a toda velocidad a saludar la entrada en la península de nuestros directos antecesores: bandas de cazadores evolucionados del Homo sapiens.  Es posible que esto ocurriera alrededor de una fecha mucho más asequible como a partir del año 40.00 A.C.  Eran cazadores de aventura.  Los tiempos eran fríos y duros y la caza más huidiza que en el período anterior.  Su gran descubrimiento fue el cincel que le permitió alcanzar grandes conquistas técnicas  como la flecha y la azagaya.  Con ellas iba a conquistar el mundo y a proclamarse rey de la creación. 
Sobre los protagonistas de tales cambios los arqueólogos no se han puesto de acuerdo,   arrellenados en el considerado Paleolítico superior, consideraban antes que existían tres fases culturales correspondientes a distintos pueblos, léase: AURIÑACIENSES (asiáticos), SOLUTRENSES (africanos) y MAGDALENIENSES (nórdicos).  Como treinta mil años supone un enorme  “time spam” no se ve claro qué hicieron los auriñacienses y los solutrenses.  Es posible que los primeros fueran más estables  y los solutrenses menos.  Quizá estos últimos fueran tribus nómadas  que en la Península marcharon muchas veces mezcladas con los perigordienses (¿del Perigord francés?) y que prefirieron establecerse en cinco regiones: Cataluña y Sudeste (Alicante y Murcia), Cantabria , Castilla la Nueva  (Actual Castilla-Leon) y desembocadura del Tajo.  Tal es al menos el resultado que hasta la fecha (1960) nos proporciona el azar de los hallazgos y la densidad de los equipos regionales de prehistoriadores.
Sin género a dudas el hecho capital del Paleolítico Superior es el establecimiento de los magdalenienses y nórdicos en el Sistema Cantábrico desde Navarra a Asturias.  A este grupo se les atribuyen los progresos técnicos, incluido el arco y a ellos corresponde el mérito de haber desarrollado el “Arte parietal” Éste es fruto de una sociedad ya jerarquizada y especializada, con caza fructífera gracias a las nuevas armas y un grupo puede permitirse el lujo de disponer de tiempo para otras prácticas consideradas mágicas tales como la pintura que hallamos como exponentes supremos en Ruffignac,  Lascaux y Altamira.
Este tipo de arte rupestre decayó  para alcanzar formas esquemáticas donde solo predomina en la región mediterránea, en época insegura quizá hacia los años 7.00 a 3.000 a.c.  dnde la figura humana adquiere el papel de protagonista y que da testimonio de una existencia  de una sociedad.   Seguramente derivado del arte magdaleniense de Lascaux, ese nuevo estilo ahincaría fuertemente entre las tribus del oriente peninsular y las caracterizaría desde Cataluña a Andalucía, a lo largo del corredor prelitoral mediterráneo. 
La provincia Aquitanocantábrica y la Mediterránea son  las  dos nociones que empiezan a surgir en estos nebulosísimos años del Paleolítico.  Unas poblaciones de entre 25.000 a 50.000 seres que por entonces cómo máximo  poblaban la península.

2 - COLONIZADORES E INVASORES
La cultura de los grandes pueblos cazadores del Paleolítico superior en Occidente DECAE desde el séptimo milenio A.C. al compás de PROFUNDAS ALTERACIONES CLIMÁTICAS. Muchos lugares de la península se desertizan y  pierden parte de su población.  Sólo las costas ya alguna zonas montañosas ofrecen posibilidades de existencia a una fauna menor y a sus diseminados perseguidores.  En los Pirineos habitan unos grupos que adoran cantos pintados, los azilienses, mientras que a lo largo del litoral cantábrico y atlántico hallamos establecida una población de comedores de mariscos, los asturianenses.  En el andén mediterráneo perviven tribus con un instrumental microlítico, llamados capsiense.  Resulta un hecho importante el descenso cultural de la Península durante el Mesolítico y la paulatina diferenciación de sus habitantes en áreas geográficas homogéneas.
Mientras en Mesopotamia y Egipto estalla la gran revolución mental y técnica que inaugura la historia moderna de la humanidad, alrededor del 5.000A.c.  tales como agricultura, alfarería, domesticación de animales, pastoreo, fundición de metales y navegación fluvial y marítima.  Se trata del triunfo del intelecto sobre la rutina de la magia que va a dar  al Próximo Oriente la supremacía mundial durante cuatro siglos. Por entonces tanto la península como Africa del norte se encontraban enormemente atrasados con respecto al desarrollo de la cultura del Próximo Oriente.  De Mesopotamia y Egipto  saldrán las innovaciones materiales y técnicas , sobre todo agricultura y metalurgia, así como grandes religiones que poco a poco, en sucesivas oleadas irán integrando el mundo mediterráneo.  Primero actuarán por mimetismo, después por colonizadores interpuestos para finalmente quedar plenamente incorporados a la civilización nacida en el oriente del Mediterraneo.   En los años bordeando quizá el comienzo del segundo milenio los primeros pueblos hispanos son arrebatados al paleoliticismo  y puestos en su sendero de su existencia histórica.
Bajo la influencia de la cultura megalítica el sur de España alcanza su primera edad de oro.   De Andalucía o del litoral mediterráneo podría partir un grupo de artesanos nómadas, al que luego se halla en todas las encrucijadas estratégicas del comercio internacional de la época: en Cataluña y en Alsacia, en el Bajo Rhin y en Moravia, en Sajonia y el Bajo Elba.  La expansión del vaso campaniforme corresponde a la potencia cultural suscitada en Andalucía por la conversión al megalitismo.  Tras la época de fulgor megalítico los pueblos , todos, decaen paulatinamente.
Los Estados del Próximo Oriente necesitan estaño para fabricar sus armas y sus útiles, y el estaño y este solo se encuentra en las etapas hispánicas.  Esto llevará a los fenicios a hacer acto de presencia en la ida del Tarshish, un país rico en plata, minerales y objetos exóticos.  Se trata de la versión bíblica de Tartessos, la rica capital de Andalucía.  Los fenicios se afincarán en sus costas,  concretamente en Cádiz y desde aquel momento se iniciarán una serie de fructuosas relaciones mercantiles y culturales, que tuvieron gran repercusión en los pueblos del Oriente del Mediterráneo
  Sucesores fueron los cretenses y los helenos que decidieron repetir la aventura marítima de los púnicos.   Una de sus principales fundaciones fue Emporion (Golfo de Rosas), llave del Occidente griego en Iberia. Mientras fenicios y helenos potencian la riqueza de los pueblos asentados en el litoral mediterráneo, desde Cataluña a Andalucía y son conocidos con el nombre genérico de íberos, en el interior de la península ha penetrado un pueblo celta por los Pirineos (vamos por el año 900-650 a.C. y tras ocupar una buena parte de la Península hasta el Tajo y el Júcar, al tiempo que difunde en ella la metalurgia del hierro  desde su patria danubiana.  Esta invasión tuvo inmediatas repercusiones en orden a algunos factores materiales y culturales, además en determinados lugares impuso una casta guerrera sobre un pueblo de agricultores, mientras en otros se fusionaba con los indígenas.  Es patente la interacción  y mutua influencia  cultural y social entre ambas culturas. Cierto grupo de autores encuentran en los celtas los precedentes del germanismo en la Península sobre todo en lo que supone en relación con los visigodos y su monarquía unitaria, mientras que otros ven en los iberos del Sur y del Este la expresión más adecuada de la futura idiosincrasia hispánica.  La realidad es que se trata de grupos muy complejos y no se les debe aplicar cánones intuitivos y psicológicos tales como que los iberos son agrarios, urbanos, blandos y poco consistentes mientras que los celtas  son pastores rústicos, rudos y violentos.  Lo único que sabemos es que sus lenguas eran distintas así como su actitud ante la vida. Pero entre los íberos, los celtas y los futuros hispani aún había de pasar un milenio.  En todas partes se manifiesta un pujante cantonalismo, tanto entre los jefes de las ricas poblaciones ibéricas del litoral como entre los príncipes celtibéricos y lusitanos.  Entre estos últimos descuellan los lusitanos por sus mayores posibilidades y sus crujientes estructuras sociales.  En cuanto al Norte cantábrico y galaico se mantiene arcaico y desconfiado contra cualquier novedad.  Allí se mantendrán en reserva las fuerzas de recuperación del país.



3 - HISPANIA ROMANA
Como todo proceso de colonización profunda, la conquista romana del suelo peninsular implicó violentas reacciones de los nativos.  Fue la réplica del indígena ante las novedades y las expropiaciones impuestas por los extranjeros.  Estos, dotados de una organización superior, sofocaron con rapidez los sucesivos incidentes, que la fama ha elevado al rango de grandes epopeyas.    Con todo, la pacificación de la Meseta resultó mucho más difícil que la de las regiones mediterránea y andaluza, donde una antigua tradición de intercambios con los pueblos extranjeros había preparado el terreno para aceptar el dominio de Roma mientras en la meseta, resguardada por accesos montañosos de fácil defensa.  Los romanos chocaron con una perseverante hostilidad, ello explica la tenaz persistencia de los lusitanos y de los numantinos.  Finalmente la sumisión de astures y cántabros fue llevada a cabo cien años más tarde por Octavio Augusto fue más que una guerra una dilatada operación de policía.
La invasión romana, imperial,  se tradujo hechos tangibles tales como  renovación, construcción y embellecimiento de ciudades, apertura de vías de comunicación, aprovechamiento del suelo agrícola y explotación de minas.   El entronque de la economía hispánica con el gran comercio mediterráneo de la época, metales, vinos, aceites, cereales, hizo posible el financiamiento de dicha política de obras públicas.  Pero debe tenerse en cuenta que los más beneficiados por esa actividad fueron los grandes capitales romanos, COMO SIEMPRE OCURRE CON EL CONCEPTO DE CAPITAL.  Y sacaron provecho los antiguos jefes tribales convertidos en poderosos propietarios al amparo de la legislación de Roma  y de los funcionarios extranjeros que aplicaron sus pecunios en la adquisición de fincas rústicas en la periferia hispánica, particularmente en el valle del Guadalquivir.   Así se fue formando paulatinamente una clase social privilegiada, la de los “seniores”,  que desde sus posesiones dominaban el mecanismo de la sociedad hispánica colonial.  En sus manos se hallaba la riqueza del país, hecho que conjugado con factores geográficos y técnicos, con la tradición tartesia y la conveniencia romana dio origen a una de las estructuras económicas y sociales básica en la historia de España. Sin embargo la  porción de humanidad más considerable del país estaba formada por agricultores sometidos a la esclavitud en algunas regiones de Andalucía, costa mediterránea y valle del Ebro; campesinos semilibres en las villas de los grandes propietarios de la Meseta; pastores en Galicia y el litoral cantábrico.   Unos seis millones de seres sobre los cuales se ejercita poco a poco la presión de la urbe próxima, de la colonia recién instalada.  De la ciudad aceptarán la administración y el progreso técnico pero  rechazarán el sistema jurídico que les encadena a sus señores así como la nueva lengua será deformada a conveniencia fonética de cada región. 
Entre estos dos mundos tan estrechamente fundidos y tan escasamente solidarios: seniores y humiliores hay que intercalar el elemento urbano propio atribuible al éxito de la colonización de la península por Roma.  Las ciudades hispánicas cumplieron su papel de vértebras de la cultura mediterránea de la Península.  La mayoría de dichas ciudades con raíces en las culturas almeriense, argárica  o ibérica, partieron los jóvenes hispanos atraídos por el deslumbrador foco romano.  De este modo  apareció la mentalidad  de los hispani o hispanorromanos, que más que una clase social se trataba de una mentalidad urbana y periférica.
Como en el resto de occidente la difusión del cristianismo chocó en Hispania con el tradicionalismo de la religiosidad campesina pero las ciudades acabaron imponiéndose al campo de modo que a finales de la segunda centuria los cristianos hispanos ofrecían al Señor el mismo ramillete de mártires por la fe que las iglesias orientales.   De este modo el cristianismo, introducido con el latín y la secuela cultural mediterránea completó la obra de romanización.
La verdadera marcha hacia una personalización histórica de Hispania se inicia al desatarse la crisis del siglo III.  Entre los años 264 y 276 las provincias hispánicas son bárbaramente devastadas por francos y suevos , sus principales ciudades saquedas y destruidas y las campiñas arrasadas a sangre y fuego.  El país se rehízo lentamente de aquella calamidad y las ciudades que pudieron recuperarse se rodearon de murallas y torreones.  Comenzó un nuevo mundo que externamente marchaba a compás de las drásticas medidas de los emperadores absolutos.  Resulta notable el cambio mental que llevó a los obispos cristianos de Hispania a establecer la organización eclesiástica a imagen de la romana, a embeberse del espíritu estatal, jerárquico y cultural de Roma.  De este modo la Iglesia cruzó a finales del siglo IV las orillas que antes la habían separado del Imperio y se convirtió en el reducto esencial de las ideas de autoridad y universalismo impuestas por Roma en los  países mediterráneos.  A través de esta concepción  romana del mundo y de la directa experiencia de los obispos que las invasiones  bárbaras transformarían inopinadamente en “defensores  de las ciudades”.  POR ESTOS MEDIOS EL IMPERIO SE SOBREVIVIÓ A SÍ MISMO EN HISPANIA.



4 - EL EPIGONISMO VISIGODO.  
Allá por el año 409 Roma ya no era más que un mito.  Del espejismo romano sacó partido otro pueblo germánico para establecer su hegemonía en la península durante los siglos V o VI: Los Visigodos.  La periferia mediterránea, vinculada todavía al mundo imperial legítimo se mostró mucho más reacia a esa suplantación de poderes.  En consecuencia cuando los visigodos fueron expulsados de la Galia por los Francos, tras algunas vacilaciones establecieron su capitalidad en el corazón de la Península, en Toledo y  por primera vez la meseta se convertiría en centro político peninsular.  Este hecho aumentó las divergencias existentes entre los ochenta o cien mil godos que ocupaban la altiplanicie interior del país: Segovia, Soria, Burgos, Madrid, Toledo, Valladolid y Palencia y los tres o cuatro millones de hispanos que habitaban en la costa mediterránea, desde la Septimania a la Bética.  Buena parte de ellos se libraron de la amenaza bárbara gracias al apoyo armado del Imperio de Oriente y se reincorporaron al juego de la economía y la cultura mediterráneas.  Desde Cartagena hasta el Algarve, este pedazo de la Hispania liberada, la España bizantina de los manuales, reconstituyó sus fuerzas y reparó la gran coyuntura histórica del desquite hispano sobre los invasores visigodos.
La iglesia tiende puentes entre la difícil relación entre  una realeza visigoda que no pudo superar sus propias contradicciones y sus súbditos, pero en este movimiento la Iglesia pierde buena parte de su autonomía esencial  como la libre elección del episcopado, y deriva hacia una actitud conformista.  En todo caso, la experiencia no se echó en saco roto.  Al cabo del tiempo resurgiría como reivindicación histórica el dato visigodo de la unidad católica del estado.

5 - EL TRIUNFO DEL ISLAMISMO. 
El estado visigodo se desplomó ante el simultáneo desbordamiento de las masas hispanas.  Carecemos de detalles auténticos para imaginarnos lo que acaeció durante la subversión hispana de 711 a 715 pero parece muy posible que la generalidad del pueblo hispano se pronunciara contra el dominio ejercido por las clases dirigentes godas y que incluso se asistiera a sublevaciones contra la nobleza imperante y los terratenientes.  El cantonalismo hispano resurgió pujante tras la catástrofe visigoda y algunas ciudades y ciertos caudillos aceptaron gustosos un régimen de autonomía local bajo el protectorado musulmán, tal fue el caso de Teodomiro, en Murcia.
Los elementos árabes, sirios y bereberes que formaron se establecieron a gusto en el país.  Su preocupación esencial fue abarcar el mayor lote posible de tierras procedentes de las confiscaciones del dominio público visigodo y de las grandes propiedades particulares.  Tres años tras la conquista musulmana, el mundo mozarábigo estaba completamente arabizado.  Hispania a mediados del siglo X, es un país de mayoría musulmana.  Mientras Al Andalus se prepara para vivir una etapa de singular esplendor mientras en el norte cristiano las hondas y tensas raíces empiezan a dar achaparrados pero robustos tallos.



6 - EL LEGITIMISMO ASTUR Y LA INTRUSIÓN FRANCA EN ESPAÑA.
Por una paradoja histórica, astures y cántabros, que siempre  habían sido los grupos más reacios a ingresar en la comunidad peninsular se erigieron en continuadores de la tradición hispánica. ( ¿será este origen y raíz de la  melodía instalada en el tuétano hispano “Asturias patria querida”?) .  Es posible que contribuyeran a este cambio algunos grupos de guerreros del ejército del rey Rodrigo, quienes, refugiados en Asturias, acaudillaron el innato sentimiento de independencia de los montañeses y dieron a la lucha contra los emires de Andalucía un cierto sentido de rescate del reino perdido en el  Guadalete.  Así los astures, o quizá los administradores y eclesiásticos hispanos allí refugiados, reivindicaron cierto principio monárquico y aunque su valor político fue prácticamente nulo durante casi dos siglos, hizo posible la conservación de un elemento decisivo para sus ulteriores fines: el legitimismo.
Desde Navarra hasta el Urgel, en Cataluña, comunidades hispanas se habían mantenido libres del dominio islámico, pero en este frente pirenaico se registró la presencia de un elemento que afectó la línea de su futuro histórico: LOS FRANCOS.   Los guerreros francos alimentados por los gobernadores de Aquitania, acudieron en apoyo de los exilados hispanos para restablecerlos en sus posesiones transpirenaicas.  Estos propósitos que hallaron cordial eco en la persona de Carlomagno tendían a derruir la frontera musulmana mediante la conquista de Zaragoza, importante reducto mozárabe.  Pero al fracasar este gran proyecto (778) se procedió a la conquista sistemática de Cataluña.  Carlomagno incorporó a su Imperio los condados catalanes surgidos en el curso de sus campañas entre el 785-01, los cuales fueron englobados en un cuerpo político mal definido denominado Marca Hispánica. Las condiciones defensivas de la Marca la transformaron en un reducto militar de primer orden, en el cual la naciente organización feudal europea tuvo campo privilegiado de expansión.  La colonización agrícola del país, la recia estructuración del vasallaje, la difusión cultural de los monasterios del sur de Francia y la misma dependencia política de esta a Roma crearon en Cataluña una sociedad distinta de la de los bravos montañeses astures, de los grandes potentados musulmanes o de los ensimismados mozárabes.  Resulta evidente que durante dos centurias los condados catalanes latieron al ritmo de Francia, aun sin olvidar el apremiante problema de defenderse a diario contra las potentes arremetidas de los musulmanes.

6 comentarios:

  1. Todavía les queda influencia francesa a los catalanes, hoy estaba el presidente de su república, huido a Bélgica, dando una rueda de prensa en francés, y no se le daba mal... :)
    Me ha encantado tu entrada, la volveré a leer con calma :)
    Besos y salud

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    1. GENIN. Me alegra. Veras como enana bilingüe siempre me pareció que el valenciano que hablaba mi familia me resonaba al francés que también escuchaba parlar a mi padre. Un largo verano en S.Sebastian le pedí a mis padres que me apuntaran a una academia de Francés y en EEUU escogí esa lengua como una de mis asignaturas obligatorias. Ahí acabó todo, pero cuando fui a Paris vi que entendía un 85% de lo que escuchaba en la t.v. y lo que me decían por ahí. En otras palabras me parece que los idiomas no se me daban mal. Con el matrimonio que tanto deseaban mis padres y la santa infancia que habia que sacar adelante me "emburré" y me convertí en cuestiones diversas propias de una mujer casada convencional de entonces....ahh y también bricolajera, qué remedio!. En otras palabras un animal de servicio universal para todos los demás en aras del sacrosanto matrimonio....hasta que reventé, claro, y alrededor del medio siglo cerré ese ciclo y decidí cambiar radicalmente de vida porque me podía morir frustrada e incompleta pues el medio siglo y la menopausia marcaban un serio hito temporal. Bueno, no voy a soltar un discursito reivindicativo a estas alturas, pero no me arrepiento de nada, todo estaba bien justificado dentro de su circunstancia. Todo perfecto para todos hasta que la burra reventó por asumir tanta carga, porque era tonta y se creía que esa era la mejor manera de demostrar su amor a su familia. Fue un trayecto duro de narices. Después vino la red y aprendí muchas más cosas ...y aquí estamos Genin, ahora corren otros tiempos que conoces bien. Un gusto eso de la amistad sin sombras!

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  2. Se ve que te ha gustado el libro del señor Vicens Vives. Todo un clásico.
    Saludos, Emejota.

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    1. CAYETANO. Me lo estoy repasando a fondo, necesito poner a prueba mis intuiciones porque ni de ellas me debo fiar.

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  3. Sigue tu intuición...Yo sé que no falla

    Besote guapa.

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  4. Gracias Manuel. Se hace lo posible.

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Gracias por tu tiempo.