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viernes, 21 de abril de 2017

EN BUSCA DEL HEROE SOLAR I

ARQUETIPO SOLAR

Aunque es probable que necesitemos trabajar para expresar la luna, nuestra naturaleza lunar no se esfuerza conscientemente por establecer objetivos en el mundo puesto que la luna resulta una dimensión innata e instintiva de la personalidad , así tenemos que la capacidad de cuidarnos y alimentarnos resulta intrínseca en  todos nosotros; solo tenemos que escucharla.  La luna también es regresiva por naturaleza; siempre nos tironea hacia el pasado y hacia el vínculo madre-hijo porque nuestras necesidades emocionales y corporales básicas esencialmente no cambian. 



Sin embargo el sol es progresista.  Se trata de un principio activo y dinámico que se despliega a lo largo de toda la vida.  En realidad, nunca terminamos de desarrollar la cuestión solar porque este aspecto de la personalidad siempre se encuentra en  un continuo  proceso de transformación, moviéndose hacia alguna visión o algún objetivo futuro.  Quizás alguno se encuentre familiarizado con lo que Joseph Campbell llama el “monomito”, la historia del héroe que se repite en la mitología de todas las culturas.  Se trata de un mito solar, porque el héroe está siempre en camino de convertirse en algo aunque  automáticamente no naciera como héroe.  Debe ganarse el derecho de llegar a ser héroe y rey, y un recipiente adecuado  para la deidad  que lo apadrina.


En este momento conviene  subrayar que aunque  el término  héroe, se escriba en  masculino, no es patrimonio exclusivo de los hombres, de la misma manera que la madre lunar no es tan solo propiedad de las mujeres.  Todos tenemos en nuestra naturaleza una dimensión lunar y  otra solar.  El despliegue del mito del héroe a través del progreso solar tiene tanta importancia para las mujeres como la sabiduría de autosustentación lunar la tiene para los hombres.
Cuando se los usa para describir una imagen simbólica los adjetivos “masculino” y “femenino” no se refieren a uno u otro sexo, sino a una cualidad receptiva o dinámica de la energía para la cual las imágenes más apropiadas en el mito son respectivamente las deidades femeninas o masculinas.  De modo similar la conjunción o matrimonio mítico entre el sol y la luna describe un potencial de relación interior entre estos diferentes aspectos de la personalidad en cualquiera de los dos sexos.  Tampoco conviene olvidar que cuanto más primitivo sea el sustrato donde nos encontremos mayor importancia cobrará la diferencia entre los sexos y que ello primaba en una antigüedad no tan lejana.
Gran parte del material utilizado para describir el mito masculino proviene de Joseph Campbell, cuyo libro THE HERO WITH A THOUSANDO FACES, (El héroe de las mil caras) es una de las mejores exploraciones psicológicas del mito. 
Ante todo tiene un nacimiento extraño o portentoso; generalmente engendrado por un dios en el seno de una madre mortal.  En algunos casos, como el del héroe griego Aquiles, esto se invierte pues su padre era Peleo, un mortal y su madre era Tetis, diosa del mar.  También está el héroe romano  Eneas hijo de la diosa Venus y de un padre mortal, Anquises.  Pero no importa  cuál de los progenitores fuera divino, una de las características del héroe es ser un hibrido entre lo humano y lo divino, por lo cual está destinado a ser un PONTIFEX (el que construye puentes).

HEROES SOLARES Y TESOROS SOLARES los encontramos en las narraciones épicas como la de  Jasón  y el Vellocino de Oro,  la de Sigfrido y el Anillo de los Nibelungos y la de Gilgamesh y el árbol de la Inmortalidad.
De niño, el héroe no tiene idea alguna sobre su verdadero linaje.  Cree ser como el resto del   mundo, pero lo acosa la sensación de ser diferente y la intuición de  poseer un destino especial. Uno de los temas principales para el héroe viene a ser la búsqueda de   su verdadero origen, que es a su vez tanto mortal como inmortal.   En la  imagen mítica del nacimiento híbrido podemos percibir un profundo sentimiento de dualidad, una convicción de que no estamos meramente hechos de tierra y condenados a alimentarnos, reproducirnos y morir.  Otro elemento importante durante la niñez del héroe solar es que generalmente  suele ser objeto de envidia o de persecución sin llegar a comprender la razón.
 Este problema arquetípico de la envidia y la persecución de las potencialidades solares nacientes,  que  se puede ver representado inconscientemente en muchísimas familias, es una de las razones por las que a muchas personas les resulta difícil dar expresión a su brillo interior pues temen que si  de verdad  se muestran como ellas mismas, los demás reaccionarán encolerizándose y atacándolas  tanto verbal  como emocionalmente;  porque la vida solar no vivida de cualquiera de los ascendientes  puede haber agriado la relación con nuestro héroe o heroína  transformándose  en envidia hacia el nativo.  Este viene a ser el ejemplo más cercano de la vivencia directa e inmediata  de  persecución que el héro@  mítico sufre en su infancia. Tarde o temprano tendrá que aprender a arreglárselas por sí mism@, de lo contrario lo mismo daría que apagara su luz solar y volviera a refugiarse en el útero.  En realidad esto es lo que hacen muchas personas al buscar  sustitutos maternos de protección que les proteja ante cualquier  trabajo insatisfactorio o  ante cualquier relación sofocante. Suprimen sus propias potencialidades individuales para evitar la competitividad del mundo exterior.

Cada uno de nosotros se siente especial y único y tiene un destino personal, un aporte individual para hacer a la vida.  La luna es nuestra vida corporal que tiene padres mortales y está sujeta al destino impuesto por la herencia genética.  Lo que percibe es que hay una búsqueda por realizar, un viaje hacia un futuro desconocido, un profundo misterio en el centro mismo de la individualidad.  Eso es el sol.

Al sol en realidad no le interesa el mundo de lo concreto como destino final.  La realidad material pertenece al dominio lunar y es frecuente que lo que consideremos como objetivos en la primera mitad de la vida en realidad tan solo se trate  de las necesidades lunares de seguridad que se expresan en término mundanos.  Los objetivos solares son interiores, y se refieren a la autorrealización y a tener la vivencia de la propia vida como algo especial y significativo.  Estos objetivos son muy difíciles de definir y difieren de una persona a otra en la forma de expresión exterior que precisen.
Sócrates llamaba “daimon” a esta misteriosa fuerza que nos impulsa desde adentro, el destino que empuja a un individuo a convertirse en su propio ideal.  El sol nos dice:  ”Yo no me limito a ser un viejo ratón, un conejo o una col.  Mi vida significa algo.  Tengo potencialidades por desarrollar”.  De no hacer caso de este impulso solar correremos  un riesgo, pues si no damos el salto heroico y hacemos de alguna manera algún aporte creativo especial, por pequeño que este resulte, estaremos condenados al continuo tormento de unas posibilidades personales no vividas.  Entonces tendremos toda la razón del mundo para temer a la muerte, porque en realidad no habremos vivido.
El  elemento  más importante durante la niñez del héroe solar es que generalmente  resulta objeto de envidia o de persecución sin que él  comprenda la razón. Esto último no solo podremos encontrarlo en los relatos de héroes griegos como Perseo, sino también en la historia de Jesús que fue perseguido en su infancia por Herodes.   No solo la envidia sino la amenaza potencial que representa el héroe para los poderes establecidos.   La luz SOLAR siempre resultará  especial y cuando esto queda explícito, es frecuente que inspire en los demás una envidia destructiva. 



El problema arquetípico de la envidia y la persecución de las potencialidades solares nacientes, que se puede ver representado inconscientemente en muchísimas familias, es una de las razones por las que a muchas personas les resulta difícil dar expresión a su sol interior: Temen que si de verdad se muestran como son los demás reaccionarán encolerizándose y atacándoles de las más diversas maneras, tanto física y verbal como emocionalmente.  Quizás el futuro héroe disponga durante un tiempo de la protección de su madre mortal, pero finalmente tendrá que aprender a arreglárselas solo frente a figuras de autoridad.  Tendrá que cultivar un realismo que le permita entender que en la vida la envidia es un hecho y una parte indeleble de la naturaleza humana.  No podrá correr gimoteando a casa cada vez que alguien lo ataque o cuestione que se comporte como alguien especial.  Debe adquirir tenacidad, autosuficiencia, perspicacia e inteligencia para poder sobrevivir como individuo, de lo contrario lo mismo daría que apagara su luz solar para volver a refugiarse en el útero.  En realidad, esto es lo que hacen muchas personas, que encuentran sustitutos maternos en la protección que les ofrece un trabajo insatisfactorio o una relación sofocante y reprimen sus propias potencialidades individuales para evitar la competitividad del mundo exterior.
La llamada mítica de la aventura solar suele surgir en plena madurez como una crisis importante, muy diferente a la que nos plantean los pequeños problemas cotidianos,  que nos desafía a sumergirnos en lo desconocido y a descubrir nuevos recursos de cuya existencia nada sabíamos.  No son muchas las personas que reciben un impacto como el de Saulo  en el camino de Damasco cuando la divinidad se le aparece de sopetón y le revela que tiene un destino muy especial: el de salvar al mundo.  Si algo  parecido ocurriera en la juventud, es frecuente que ello implique algunos elementos cuestionables como sentimientos de inferioridad profundamente arraigados que generan una identificación mesiánica compensatoria.  Existe una gran diferencia entre la verdadera aparición del solar en una personalidad adulta relativamente sólida y la fantasía mesiánica que refleja la pobreza de una estructura del ego mal desarrollada.  La singularidad del sol no es incompatible con el realismo y la humildad y su sentimiento de ser especial no le exige mirar con desprecio al común de los mortales, a menos que se haya combinado con heridas infantiles aún abiertas.
La intervención de otra persona en nuestra vida bien sea en forma de amante, niño, maestro, enemigo o rival, puede desencadenar el nacimiento del héroe sola interior, transformar su conciencia y enviarlo por la senda de su búsqueda.
El mundo está lleno de gente extraviada que ha rechazado la llamada solar a la ad-ventura, no una sino muchas veces.  Hay formas de  negarse drásticamente a ello y  pueden formar parte de un conjunto de trastornos y enfermedades físicas graves.  Muchas de estas personas parecen normales salvo que y “nadie habita su casa” , “carcasas voraces” que dirían los más crueles; es decir que se encuentran vacíos y ni lo saben ni lo admiten, ni mucho menos lo imaginan.  En realidad es que no han conseguido nacer a la luz interior. ¿Por qué responsabilizar al nonato? Resultaría muy injusto. Tal y como reza el poema de T.S.Eliot en su poema “The hollow men” (Los hombres vacíos) https://allpoetry.com/The-Hollow-Men



Somos los hombres huecos. Somos  los hombres rellenos. Apoyados uno en otro. La mollera llena de paja.  Los que han cruzado con los ojos derechos al otro Reino de la muerte nos recuerdan – si es que lo hacen- no como perdidas almas violentas, sino solo como  hombres huecos,  hombres rellenados.


Una ayuda suele aparecer generalmente justo después de que el héroe haya aceptado la llamada.  Es como si algo dentro de nosotros que constituye un poderoso apoyo se activara cuando encaramos y aceptamos nuestra propia senda individual en la vida.  Resulta muy revelador que en la situación del héroe, no siempre, se comprometan otros dioses que no están directamente relacionados con él porque tienen sus propias razones para desear que éste tenga éxito.  Así tenemos, por ejemplo, cuando Perseo marcha en pos de la Medusa, a una verdadera multitud de deidades se une a la feliz empresa.  Perseo es hijo de Zeus, pero Atenea le ofrece un escudo protector, Hades contribuye con un yelmo que lo hace invisible y Hermes saca de su sombrero de mago un par de sandalias aladas. A todos estos dioses les interesa la destrucción de la medusa….y esto sugiere, en LENGUAJE MÍTICO, que en realidad el héroe está redimiendo un problema que va MAS ALLÁ DE SU PROPIA BÚSQUEDA PERSONAL.  Por tanto aunque crea que lo hace únicamente para sí mismo, el héroe solar está haciendo algo para la colectividad. 
 En el mito de Perseo la Medusa simboliza algo más que un dilema personal.  Se trata de un problema inherente al psiquismo colectivo, una herencia humana universal de resentimiento y veneno que se  genera en las familias y en los grupos sociales, incluso en las naciones; una especie de depresión paralizante.  Parece que los dioses no pueden ocuparse adecuadamente de sus propios asuntos y necesitan de un héroe que realice la hazaña en su nombre.  Así,  para concretar sus designios más amplios, el inconsciente colectivo depende de la autenticidad de cada individuo.
 Podemos tener un atisbo de los vínculos existentes entre el héroe solar, el sacerdote que hace de mensajero de la sabiduría y la intención de los dioses, el artista que funciona como la voz profética de la sociedad y el rey, que encarna la voluntad divina por mediación de la autoridad mundana.  Se trata de figuras míticas del funcionamiento más profundo del Sol, que, al convertirse en canal de la auténtica autoexpresión individual aporta inevitablemente algo a esa psique más vasta de donde proviene el individuo.  Pero el héroe debe realizar su tarea porque algo lo impulsa a ello desde adentro.  Si la cumple simplemente para complacer a otras personas,  por más humanitario que quiera parecer, terminará enredado en complicaciones sin fin, al no ser fiel a sí mismo.  Debe proseguir su búsqueda porque lo que le apremia a ello es su propia necesidad interior, no por dar gusto a los demás.  Y sin embargo, en el acto de realizarse como individuo aportará algo al resto.
Lo solar, con el sol como arquetipo visual, resulta profundamente paradójico.  Al llegar a ser lo que somos, tenemos mucho más para ofrecer que si corremos de un lado a otro intentando salvar al mundo para compensar nuestro propio vacío interior.

El héroe llega, finalmente a lo que Joseph Campbell llama “El Cruce del Umbral”, que es donde por lo general le aguarda algo bastante horrible y peligroso que intenta impedir que consiga su objetivo.  El dilema del Cruce de dicho Umbral refleja un conflicto interior básico que existe en todos nosotros.   Un primer cruce de umbral puede ser el reflejo de la pubertad y la adolescencia, con sus conflictos familiares típicos.    Como entidades solares, en ese momento ya sabemos que estamos lo bastante formados como para saber que el tirón hacia atrás viene a ser una especie de muerte, y sin embargo aún estamos demasiado poco formados para sentir que podemos enfrentarnos con esas uterinas necesidades regresivas sin que tenga lugar una violenta pelea.
Erich Neumann, en “The Origins and History of Consciousness (Los orígenes y la historia de la conciencia) denomina esta etapa evolutiva como la del “luchador”, y aunque se trata de una fase arquetípica de la juventud y una etapa inevitable del viaje del héroe solar.  Al Luchador, todo le parece una batalla, y no contempla con bondad lo femenino, tanto si se trata de la madre real como de los vínculos de familia, las emociones, las mujeres, las sustitutas maternas en el lugar de trabajo e incluso la propia carne mortal. 
Existe  una profunda ambivalencia en esta primera etapa de la aparición del concepto solar en la vida y muchas personas se quedan ahí atascadas, en el umbral, luchando toda la vida contra la Gorgona, la Medusa, la dragona femenina.  Así se puede observar como todos estamos familiarizados con el sentimiento de encontrarnos atrapados entre la necesidad de ser amados y queridos y la necesidad de defender con lealtad nuestros propios valores.  La pelea con el dragón tiene muchos niveles emocionales, y puede darse cada vez que nos vemos enfrentados con este conflicto interior.

Marduk & Tiamat
Uno de los mitos más antiguos  que describen esta pelea con el dragón es el mito babilónico de la creación, representada como una batalla entre el dios del Sol: Marduk, y su madre, Tiamat: el océano de agua salada. Se trata de una personificación de la madre primordial creadora del mundo bajo la forma de un monstruo marino.  Tiamat es a su vez la dadora de vida y las fauces de la muerte que devora todo lo que ella misma crea.  Este mito es una antigua descripción de nuestras primeras experiencias uterinas,  del posterior proceso de nacimiento y  separación, que constituye una amenaza para la vida de la criatura.  En el principio  de los tiempos, antes de que el cosmos manifiesto llegara a existir, Tiamat y su consorte, Apsu: el océano de agua dulce, contenían dentro de sí a sus hijos, es decir a todos los dioses menores.  Tiamat se aburrió de su bulliciosa progenie y, enfadada, se propuso aniquilarlos. Pero sus hijos descubrieron el plan  y Marduk , el dios Sol, el más fuerte y audaz de todos ellos, mató a su padre Apsu y retó a Tiamat a un combate a muerte.   Le clavó en la garganta sus flechas llameantes y la destruyó; mas  con su cuerpo creó la bóveda celeste y por debajo de esta a la tierra.  Así tuvo lugar la creación del mundo manifiesto para la mente de los primeros homínidos de nuestra cultura que necesitaron explicarse su entorno.
Esta antigua narración resulta un retrato completo del proceso del individuo solar que emerge tanto de la oscuridad del útero como del inconsciente colectivo.  Como sucede en los sueños, se pueden  interpretar todos los personajes del mito como los de una historia que se desarrolla en nuestro interior.  Tiamat y Marduk están vivos dentro del niño y el adulto. Ambos  luchan con el problema de la separación de la madre.  Marduk, el principio solar, debe luchar contra  la fuerza regresiva de su propia avidez lunar, y mientras esta pugna continúa, las necesidades de la naturaleza instintiva son experimentadas como algo amargo (el agua salada), monstruoso que puede poner en peligro el propio desarrollo, entendiendo este concepto como una forma de vida.   El resultado de su victoria sería la creación de su propio mundo. Esta podría ser otra  manera de describir la formación de la realidad individual.
 Los mitos pueden representar tanto imágenes de sentimientos como modelos de desarrollo, y quizás alguno de  nosotros pueda reconocer en sí mismo  la etapa evolutiva que describe la historia de Marduk y Tiamat.  Se trata de nuestra permanente batalla contra la inercia, la apatía, el estancamiento y la adicción de la que en pequeña escala obtenemos experiencia a través de  escaramuzas cotidianas, como por ejemplo seguir una dieta, un programa de ejercicios o un curso difícil.  También se podría encontrar o en la pugna por dejar una relación o un matrimonio insatisfactorio, pero compulsivo, o alejarse de  una familia en la que confiamos pese a ser devoradora.  Marduk es la voz del “yo soy” (concepto de identidad)  y  aunque esta unidad con la madre oceánica quede destruida, la creación de su propia realidad y de  valores individuales vendría a reemplazarla.





.......................continuará, aunque el artículo completo, para impacientes, se encuentre recopilado en el blog de la abuelita.






7 comentarios:

  1. En la base del mito reside la explicación de muchos aspectos de la cultura humana, de nuestros impulsos, de nuestro comportamiento y de la manera que tenemos de relacionarnos con el entorno.
    Buena referencia la que haces a la obra de Campbell, autor al que dediqué hace tiempo un par de entradas que tú tuviste la gentileza de compartir. No obstante esta relectura que haces del citado autor es, ademas de ocurrente, muy diferente a aquellas.
    Saludos, Emejota.

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  2. CAYETANO. Gracias por tu apreciación. Se trata de aclarar una especie de resumen vital bastante común a muchas personas que luchan por adquirir una conciencia diferente a la que se nos pretende vender.

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  3. CAYETANO. Un intentar plantarle cara a tanta alineación disfrazada de cultura.

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  4. Yo lo buscaré en otro momento, ahora mismo no puedo... :)
    Besos y salud

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    1. GENIN. Te comprendo perfectamente. Lleva mucho tiempo y esfuerzo hacerlo todo de todo amen de emplear cada vez más tiempo en mantener el body en perfecto estado para que siga rindiendo aunque sea cada vez más lentamente, al menos en mi caso.

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  5. Interesantísimo el tema. Conozco muy bien la Obra de Joseph Campbell
    (y de Carl Jung) y es un verdadero placer leerte.

    Me gusta especialmente como puntualizas que los aspectos de la Luna (interior)
    Y del Sol (exterior) son válidos para hombres y mujeres.

    Leyéndote se me hace muy claro la necesidad de la introspección lunar
    para el desarrollo del potencial solar. ¡Qué necesario es poder
    SER uno mismo con plenitud!

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    1. MYRIAM. Ciertamente. Ya que nos encontramos en el planeta intentar disfrutarlo al máximo sin producir dolor ajeno, ni propio; algo bastante complicado de por si.

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Gracias por tu tiempo.