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sábado, 25 de marzo de 2017

LUNA, MADRES Y MATRIARCADO - 3

                                                           Dali. Tete Raphaelesque eclaté

Retomando el último párrafo: la tierra madre representa una imagen del poder de la naturaleza para mantenerse y perpetuarse a sí misma.  A la triada, Demeter, Artemis y Hécate se las pinta en el mito como diosas de la concepción y el nacimiento porque representan  el principio instintivo que crea los recipientes necesarios  para la continuidad de la vida física en el mundo y les infunde vida.
La imagen que para esto tiene el Antiguo Testamento es Eva, cuyo nombre en hebreo  me parece recordar  significa “vida”.  Cuando somos bebés no disponemos de un ego, este se despliega a medida que maduramos y la luna preside su desarrollo.  La primera experiencia  de un niño es la del cuerpo, porque en las primeras semanas de vida no hay más que sensaciones y necesidades corporales: tiene hambre, necesita dormir, que se lo tenga en brazos, que se lo toque; es decir, necesita seguridad.  Si estas necesidades instintivas básicas resultan satisfechas, estará contento y sentirá que la vida es un lugar seguro.  Ser capaz de expresar la luna significa ser capaz de experimentar y experimentar las necesidades y los apetitos de supervivencia del cuerpo, sin tener que justificarlos mediante la capacidad de razonamiento o la autoconciencia del ego solar. Por tanto, cuando se considera el principio psicológico simbolizado por la luna lo primero es tener en cuenta nuestra necesidad básica de seguridad y supervivencia. 
Si dichas necesidades básicas no están lo suficientemente satisfechas, el resultado será la angustia, un estado que todos experimentamos en algún momento de la vida, pero que para algunas personas se tratará de una aflicción continua, el sentimiento que la vida exterior  no resultará segura.   Para algunas personas lo que desencadena la angustia es la amenaza del rechazo o del abandono, para otras se tratará de un cambio de ambiente o la amenaza de verse desarraigadas del trabajo o del hogar.
El pensamiento mágico resulta de lo más primitivo, del estrato arcaico del pensamiento adulto y por supuesto del instintivo y lunar pensamiento infantil. Por supuesto  dicho objeto no proporciona suerte sino que le hemos proporcionado un valor simbólico  y se ha convertido en  la primitiva deidad lunar alienada de la conciencia lunar y reducida a expresarse a través del cualquier objeto de lo más sorprendente: desde una barra de chocolate hasta un rosario, por exponer ejemplos distantes.
Para algunos las demás personas constituyen un alimento lunar llámense amante, pareja, hijos, nietos o incluso cualquier círculo social  o grupo profesional o ideológico. Algunos disfrutamos simplemente de la compañía de amigos o familia mientras que otros dependen compulsivamente de ellos y reaccionan con gran angustia ante cualquier amenaza de expulsión del grupo o ante cualquier cambio de papeles en la familia.  Existen seres que inconscientemente y desde su terror lunar torturan de manera emocional a cualquier miembro de su familia que amenace con seguir una senda individual.  A esto los  más “temerosos” lo pueden llamar “amor” o “preocupación” por el otro, pero en ocasiones su “hambre lunar”  se muestra totalmente despiadada y destructiva.
En otros casos familias enteras pueden sufrir una carencia de conexión o sentimiento lunar entre sus miembros,  y como todos ineludiblemente,  comenzamos copiando  el patrón de sus padres aunque  muchos acabemos  reaccionando de forma completamente opuesta por muy distintos motivos.
En la anterior entrada se trató sobre el aspecto de la luna en relación al arquetipo de la diosa DEMETER, a continuación le dedicaremos atención al aspecto lunar representado por ……..
 ARTEMIS.  Sus raíces se remontan mucho más allá de la núbil cazadora vestida de gimnasta conocida como la Señora de las Bestias.  Las primeras imágenes de ella provienen de Çatal Hüyük de la Anatolia Central donde se desenterró una estatua de arcilla de siete mil años de antigüedad que representa una mujer sumamente gorda dando a luz, flanqueada a ambos lados por leones.  Estos leones son sus emblemas más antiguos.  A lo largo de los siglos evolucionó hasta ser conocida  como CIBELES: “la Madre de Todo” y se la representó de pie en un carro tirado por leones.  El centro de su culto se encontraba en  Éfeso,  sudoeste de Turquía, en cuyo museo local se puede admirar una bellísima estatua de mármol de la diosa, que data del último período romano, rodeada una vez más por leones y ropaje adornado por otras bestias.  A dicha imagen de mármol le recorren  hileras de lo que podrían ser pechos, huevos o incluso testículos desde los hombros hasta el abdomen y en el cuello lleva grabado el zodíaco: la gran rueda escrita en los cielos.  Esta Cibeles se encontraba unida a un joven hijo y amante: Atis, quien se autocastró para mantenerse fiel a ella.  Además de diosa de la fertilidad, esta antiquísima deidad lunar es una imagen del sombrío corazón de la naturaleza salvaje aunque bajo esta forma no resulte demasiado agradable.

                                                                 Dali. Galatea y las esferas
 Cabe preguntarse de qué trata esta dimensión de la luna, LUNA LLENA en este caso, que es cuando su luz resulta más poderosa. También representa la más peligrosa del matriarcado, porque el portador de la semilla no tiene rostro y resulta  prescindible, por ello se le hace objeto de un asesinato ritual para fertilizar la tierra y asegurar la continuidad de las cosechas, de la familia o del grupo.  En este caso Artemis parece encarnar el rostro salvaje e indómito de los instintos.  En esta diosa hay algo de extático y tempestuoso asimilado a las leonas que son bestias lunares puesto que en su caso es la hembra quien en realidad hace todo el trabajo.  Sale a cazar mientras el macho  queda acicalándose y luciendo su majestuoso aspecto a la espera que le traigan  la cena.  La leona es una matriarca y sus parejas son esencialmente “niños de mamá” por más que muchos se nieguen a admitirlo.   Este aspecto lunar también representa el estado que  aparece cuando nos embriagamos o cuando perdemos el control sobre la conciencia solar.  Uno puede tener un atisbo de Artemis en su propio salvajismo emocional si sus necesidades instintivas se ven violadas  o amenazadas.  Existen mujeres que expresan  este arcaico sentimiento matriarcal al exclamar que su pareja no resulta peor que cualquier otra pareja porque “de noche todos los gatos son pardos”, que el matrimonio no es cuestión de felicidad porque lo verdaderamente importante es la familia lo cual a su vez justificaría cualquier tipo y cantidad de martirio o destrucción.  (La imagen  de la gran  “MAMMA” italiana asalta mi mente)
En el mito las amazonas que adoraban a Artemis, se emparejaban ritualmente una vez al año con hombres cuyos nombres no conocían y cuyo rostro jamás veían con el fin de quedarse embarazadas; a los varones fruto de dichas uniones los mataban y a las niñas las criaban como miembros de la tribu.  En este caso lo que prima  es el poder de la gestación, del nacimiento  y la crianza, es decir el estado natural de la mayoría de las mujeres durante el embarazo, lo cual a su vez representa un poderosa protección para el recién nacido.  En el reino animal resulta frecuente que las hembras tengan que proteger a sus crías del macho, el cual en ocasiones puede llegar a comerse a su propia descendencia. 
Por tanto conviene considerar tanto las dimensiones positivas como negativas de esta conciencia matriarcal que protege y preserva la vida al igual que la puede destruir de forma despiadada. ( De nuevo me asalta otra imagen, la de   “La mano que mece la cuna”). No conviene olvidar que TODOS LOS SERES NOS ENCONTRAMOS BAJO EL INFLUJO LUNAR y que las culturas primigenias le atribuyeron los patrones más primitivos mediante arquetipos en forma de divinidades. A continuación todo fue “coser y cantar”: copiar y repetir, repetir y copiar generación tras generación convirtiendo dichos patrones en certeros actos de fe que perduran hasta nuestros días en las culturas más primitivas, más instintivas, más lunares. 
La figura de HERA, la diosa griega que presidía la vida familiar nos ofrece una visión más amplia  y elaborada sobre la naturaleza de la luna.  Ella como contrapartida a Artemisa, encarna la estabilidad,  la santidad del matrimonio y de la unidad familiar. Bajo esta máscara el aspecto lunar dicta  leyes y estructuras  para la protección de la especie y para el funcionamiento eficiente de la sociedad.  Instiga todo lo que nos resuene como: “Este es mi nombre, esta es mi familia, estos son mis hijos, este es mi trozo de tierra, este es mi país y aquí es donde pertenezco.”  Se trata de todo aquello que nos proporciona una identidad colectiva y un sentimiento de seguridad dentro del grupo.  Así encontraremos muchas personas que  sientan una necesidad sumamente poderosa de identificarse con sus raíces históricas y se angustien mucho si se ven arrancados de su lugar de origen. Preferirían arriesgarse al dolor  e incluso  la muerte antes que tener que mudarse a alguna otra parte. 
Por semejante razón no podemos entender  por qué tanta gente insiste en seguir viviendo en las laderas de volcanes en actividad sabiendo con certeza que periódicamente se darán   erupciones destructivas aunque aduzcan que la única razón para ello es la fertilidad de sus tierras. Por la misma razón, muchas personas mantienen un matrimonio lamentable o se aferran a familias destructivas.  El terror de hallarse solo, de vagar sin rumbo por el mundo les parece peor que el sufrimiento y la claustrofobia de su situación.  La luna no puede soportar el aislamiento y es frecuente que se aferre a un “daimon” (demonio) familiar conocido con tal de no ir en pos de algún desconocido ángel independiente.   Este es el ámbito de HERA, desde lo más profundo anteponiendo el valor de las raíces y de la tradición a la realización de una vida individual.
Por tanto, para alguien con una conciencia solar  ampliamente desarrollada, con cierta individualidad, puede resultar terriblemente solitario el hecho de ser la pareja tanto de una persona matriarcal (sea hombre o mujer) porque su valor individual se verá continuamente socavado y demolido.   Tampoco  resulta agradable ser un niño  en este idealizado tipo de mundo matriarcal, porque que el trasfondo mítico del matriarcado es el de la diosa partogenética que se autofertiliza, ello implicaría   que   el niño  divino habría de ser engendrado por arte de magia y que estaría destinado a ser el redentor heroico la madre. Una expectativa demasiado amplia para que un niño pueda estar a su altura y que conducirá a diversas dificultades emocionales en la edad adulta.

                Max Ernst (1891-1976)  La Virgen castigando al Niño Jesús ante tres testigos. Una imagen que en su momento resultó escandalosa por distinto motivo que lo sería en el presente, puesto que en la actualidad  lo sería tachada de maltrato infantil

Muchas pueden ser las razones por las que una mujer pueda caer en este tipo de identificación arcaica a expensas de otras facetas igualmente importantes de su personalidad.  En general hay que  buscar las causas en sus propios antecedentes familiares. Si de niña ha sufrido una carencia emocional grave y como consecuencia de ello se encuentra llena de angustia y desazón, puede buscar su alimento emocional identificándose inconscientemente con la diosa lunar arquetípica.  Si nos sentimos privados de algo, los humanos intentamos encontrarlo de dos maneras características: esperando que otra persona nos lo dé o bien convirtiéndonos  en una versión exagerada de eso mismo que necesitamos.  Con frecuencia en estas mujeres se da una gran cólera hacia los hombres puesto que cuando se sintieron  inadecuadas quizás intentaran  tomar prestado el poder del arquetipo para compensar lo que vivieron como una carencia personal.  El problema radica en que el poder arquetípico resulta un fraude porque NUNCA  es propio o innato, sino adquirido inconscientemente mediante cultura.  Si no nos hemos esforzado por procesar estas energías a través de la lente de nuestra propia individualidad, (y aquí el concepto del arquetipo solar brotará con todo su potencial) los arquetipos lunares se apoderaran de nosotros antes de haber alcanzado la plenitud física y psicológica y abdicaremos de toda posibilidad de elección y de todo sentimiento de responsabilidad personal.  De ahí que una mujer, al igual que cualquier varón, que  inconscientemente se identifique  con la diosa lunar pueda ser, sin percatarse, profundamente voraz y destructiv@.
HECATE es la deidad lunar oscura que preside la hechicería y el encantamiento.   Su representación a más humanizada en la cultura griega podría ser Circe, convirtiendo en cerdos a los compañeros de Ulises, porque exige  pleno respeto  hacia su poderío  lunar ofendido.
Esto se traduciría en los siguientes términos:  puesto que la naturaleza puede ser caprichosa ( y aquí entraría el actual concepto de aleatoriedad, es decir de desconocimiento causa-efecto de la circunstancia que sea), cuando nos desconectamos demasiado de dicha naturaleza o nos mostramos arrogantes ante ella,  nos  puede arrastrar hacia un comportamiento cerril o estúpido para enseñarnos que, en última instancia, somos mortales. (El Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, si bien en este caso el hechicero se trate de varón.)
En la narración el hecho de vernos reducidos a nuestra naturaleza corporal implica que  hemos renunciado a cierto heroico ascenso  de la conciencia adjudicada al sol y del cual me ocuparé más adelante. 
Cuando hablamos de la luna, inevitablemente pensamos en el género femenino,  y ello evidentemente resulta lógico y veraz pero NO CONVIENE OLVIDAR QUE  TODOS LOS HABITANTES de este  planeta nos encontramos sometidos  a las influencias  de ambos luminares por el hecho de disponer de un cuerpo físico compuesto por fluidos diversos.  (“Be wáter my friend”)
Tampoco conviene olvidar que debemos nuestro actual conocimiento científico a todos los mitos y a través de ellos a tantísimos aciertos y errores cometidos por nuestra especie a lo largo de la historia. Tampoco conviene olvidar que el ácido desoxiribonucléico  de nuestro ADN se puede alterar mediante nuestro pensamiento, actitudes, hábitos y comportamiento a lo largo de generaciones y por tanto  somos tan responsables de los  seres del futuro como “consecuencias” del pensamiento de todos nuestros antecesores.
Aprovechando que disponemos de tantas herramientas de conocimiento a través de la sangre, el sudor, el dolor y las lágrimas de nuestros ancestros tenemos conocimiento de la posibilidad que un meteorito se estrelle contra nuestro planeta, parece que se está trabajando sobre la manera de desviar dicho infortunio que implicaría la extinción de las presentes especies tras no poco sufrimiento y la aparición de otras distintas. ¿Y si dicho meteorito se estrellara contra nuestro satélite? Por  supuesto que el infortunio se desencadenaría igualmente sobre este planeta por motivos que huelga enumerar pero suponiendo que cierto número de especies se pudieran adaptar a las nuevas circunstancias del planeta ¿de qué manera afectaría dicha adaptación a los instintos básicos adjudicados al efecto lunar sobre la tierra?
Escribir sobre el sol, (quien no reconoce la rima infantil: "Sal solecito, calientame un poquito, por hoy, por mañana y por toda la semana") sobre la luz, me resultará mucho más placentero porque todo parecerá bastante más clarito. “Hágase la luz” (¿luciferina?. La contradicción está servida desde el principio de los tiempos y al cuerpo más físicamente frágil le tocaría cargar con el  oscuro sambenito lunar) La luna no emite luz, tan solo la refleja y por ello nos envuelve y moviliza nuestros fluidos  bajo su manto de misterio. No lo olvidemos. Descorrer este manto, o simplemente “meteorizar la luna” supondría iluminar aspectos tenebrosos de nuestro organismo vital ¿Podemos imaginar la razón por la cual no conviene o simplemente resulta temido semejante “alumbramiento”, y quienes  lo temerán en mayor medida?
Quienes se niegan asumir sus cadenas bajo subterfugios de lo más mundanamente pueriles,  serán sepultados por las mismas. Absortos, cadenas incluidas, mientras deambulan arrastrándolas con cierta  satisfacción  por la superficie de su existencia.  
Como mujer cuyo papel  la aleatoriedad universal me tocó representar en la presente pinza espacio temporal y analizado profundamente todo lo expuesto solo me queda concluir afirmando que al principio de la vida todas  las criaturas poseen instintos “solares”. (genética  aparte). Que la “mitad” de ellos, llámese sexo femenino o cualquier colectivo que  resulte relegado  por poseer características no acordes con el concepto puntual de la dominancia predominante, será relegado. Por tanto todo colectivo que se sienta injustamente tratado  inevitablemente sentirá  que debe desarrollar alguna forma diferente de supervivencia, ha de “inventarse alguna alternativa” generalmente basada en la alternancia error/acierto  bajo los auspicios de cierto grado de  astucia para la intentar desarrollar una innata supervivencia personal, familiar, social y de especie.  Este proceso, conforme funciona la estructura neuronal ,  inevitablemente hará que   su inteligencia útil se desarrolle mucho más  que la de aquellos individuos nacidos bajo los mejores auspicios y cómodamente aposentados en su   ZONA DE CONFORT

Lo expuesto hasta el momento sobre EL ASPECTO LUNAR se trata de los instintos más primitivos según se exponían y novelaban en la antigüedad para culturas con menor grado de conocimiento técnico y tecnológico, pero igualmente emocionales.  Mientras los instintos básicos en este precioso planeta azul se sigan basando en la preponderancia de la FUERZA FÍSICA no quedará más remedio que intentar desarrollar su contrapartida, la inteligencia, para no ser arrollado por tanta primariedad.

Un simple ejemplo de la naturaleza: Las hienas  forman un colectivo claramente matriarcal por el simple hecho de tener mayor tamaño que los machos de su especie y han llegado a un punto en que, seguramente por imitación instintiva a través de los siglos, su clítoris aparece a modo de colgajo a semejanza del pene masculino.   Por supuesto  en el mundo animal encontramos mucha diversidad contradictoria como puedan ser las  mantis religiosas o los caballitos de mar  y demás curiosas especies que contravienen la regla general pero la hiena se trata de un mamífero que comparte sangre caliente con  primates de diversas especies.

De todo lo expuesto  solo me queda deducir que quienes espoleados por  los motivos expuestos  y muchísimos más que mi ignorancia se habrá dejado en el tintero, en la lucha por la consciencia, primitivamente atribuida a LOS ASPECTOS  SOLARES, los colectivos* más desfavorecidos serán los primeros en desarrollar estos últimos.
Me refiero a * “colectivos” porque en ciertas cuestiones como las que me ando ocupando en las últimas entradas el concepto de lo individual no ocupa espacio, mal que nos pese a “los indivíduos”.  En un futuro procuraré ocuparme del sentido SOLAR , es decir, del más heroico viaje de nuestra especie, pero para ello de nuevo he de retrotraerme de al aspecto LUNAR por la sencilla razón que en nuestro inconsciente colectivo  lo LUNAR PUEDE SER LEÍDO COMO UN GRAN LIBRO DE HISTORIA (la historia mitocondrial) e indefectiblemente se asocia a la mujer así como lo SOLAR a hombre, vaya por delante el siguiente párrafo, parcialmente repetido anteriormente,  con el que abriré una próxima  entrada dedicada al SOL MÍTICO.


A menudo el hombre se encuentra tan identificado con el mundo matriarcal como su mujer, y tiene más necesidad del trato que le daría una madre que de relacionarse como individuo entre iguales.  Se trata de una actitud arquetípica asociada con la luna en su nivel más primitivo.  Intrínsecamente no es cuestión de algo bueno ni malo sino que resulta de lo más saludable y necesario tanto para los unos como para las otras porque así parece que  consiguen  enfrentarse mejor a las complejidades de la vida familiar y social, aunque aparentemente nos encontremos en un punto de inflexión al respecto.   Pero para quien posea un poco de individualidad (desarrollo solar), puede resultar muy solitario y frustrante ser el marido de una mujer matriarcal o la mujer de un hombre ídem (que los hay a puñados) porque el propio valor individual se verá continuamente socavado y demolido.   Así tendremos que para una mujer independiente y vivaz por naturaleza el papel de madre pueda resultarle difícil por razones perfectamente justificables  ya que sus hijos solo estarán satisfechos cuando se les entregue TODO.  Al fin y al cabo lo infantil e inmaduro amen de inocente e inexperto resulta tremendamente  voraz ¿pero al margen de los diversos factores influyentes en el desarrollo humano, ¿ cuál será la medida de la totalidad para cada cual?, ¿la podrá reconocer o expresar?

12 comentarios:

  1. Mira que me gusta Max Ernst, sobre todo su "Una semana de bondad y los siete pecados capitales", pero no conocía ese cuadro de la azotaina. Hoy sería juzgado por políticamente incorrecto y por blasfemo, si no por incitación al sadomasoquismo. Qué divertido (el cuadro no que lo señalaran)

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  2. Volveré mas tarde ahora no tengo tiempo de leerlo todo :)
    Besos y salud

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    1. GENIN. Tómatelo con calma que ha salido muuuuu largo y pesado. Tampoco parece que pueda resultar de índole práctico alguno, pero hace tiempo que le tenía ganas a esta cuestión.

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  3. FACKEL. Pues no conozco el cuadro que dices. Me informaré.
    El de la azotaina resulta muy divertidamente artemisica porque la infancia profunda puede resultar demasiado cansina para cualquier Artemisa que se precie.

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  4. Ayer comentaba por whatsapp sobre los azotes que le daban a uno de pequeño y que no pasaba nada, no era ni violencia, ni nada. Uno ayudaba en casa y no era explotación...Ves como ha cambiado todo y no sé si para bien...

    Besosguapa

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    1. MANUEL. Perdona acabo de caer en la cuenta que me salté tu comentario. Es cierto lo que dices pero estoy tan cansada que un supuesto futuro ya no me atrae.

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  5. A pesar de que el Sol es el causante de la vida en nuestro planeta, el influjo de la Luna es tan grande o superior como el del astro rey. Y si no que se le pregunten a los poetas. Sin Helios podemos construir un poemario, sin Selene ya es más difícil. Saludos a los lunáticos, a los selenitas, a los que se transforman en hombres-lobo los días de Luna llena.
    Un saludo.

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    1. CAYETANO. " Be water my friend" Ese es nuestro compuesto principal imprescindible para la vida tal y como aun la entendemos.

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  6. Madre de tres varones hasta el dia de hoy, comparto muchos sentires expresados
    Cariños

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  7. Que de tiempo sin saber de ti, me alegro mucho del encuentro bloguero, un saludo.

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    1. MAME: A mi también me alegra mucho saber de ti. Mudé la frecuencia en el otro blog, y ahora mantengo todos abiertos, la pena es que tengo limitado mi tiempo de acceso a la red. ¡Cuidate!

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Gracias por tu tiempo.