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miércoles, 20 de enero de 2010

STEFAN ZWEIG MENTE CLARA, EMOCION OSCURA





Stefan Zweig

1881-1942. Escritor austriaco. Cosmopolita y psicólogo ingenioso destaco por sus obras biográficas y relatos históricos. Se suicidó junto a su esposa en Brasil, donde vivía exiliado desde la llegada del nazismo a su país.

FRASES:

* No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre.


* Aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.

* El amor es como el vino, y como el vino también, a unos reconforta y a otros destroza.

* Toda ciencia viene del dolor. El dolor busca siempre la causa de las cosas, mientras que el bienestar se inclina a estar quieto y a no volver la mirada atrás.

* Nada torna a la gente más desnaturalizada e insubordinada que una larga y constante ociosidad.

* La vejez no significa nada más que dejar de sufrir por el pasado.

* La medida más segura de toda fuerza es la resistencia que vence.

* Primera muestra de una auténtica vocación política lo es, en todo tiempo, que un hombre renuncie desde el principio a exigir aquello que es inalcanzable para él.


Dos libros sobre el fructífero periodo cultural de la Europa de antes y durante la II Guerra.
A menudo es cierto que "detrás de un gran hombre hay una gran mujer". En el caso del escritor austriaco Stefan Zweig (1881-1942), su primera esposa, Friderike von Winternitz (1882-1971), desempeñó ese papel durante los treinta años en los que convivieron. Se conocieron en 1913, ella tenía dos hijas, fruto de un matrimonio fracasado. Una súbita atracción mutua los unió, alquilaron una magnífica casa en el Kapuzinerberg de Salzburgo y allí vivieron años felices; en 1920 se casaron.
Zweig se bastaba solo para crear su obra, su mujer no influía de manera directa en su actividad, pero ejercía de factótum cuidando de que no le faltase de nada: ante todo, la tranquilidad necesaria para su trabajo, el cual Zweig amaba sobre todo lo demás. También Friderike era autora de novelas y traducciones, trabajos que acometía con energía y suficiencia mientras soportaba las crisis de "pesimismo" que asediaban a su célebre marido, más frágil en sus emociones que ella. Gozaron juntos de años de éxitos y cambios; sin embargo, cuando hacia 1937 la situación política en Austria se complicó y Zweig vio que tendría que emigrar a París o Londres, Friderike pasó a un segundo plano y optó por separarse de ella, empujado, al parecer, por la insistente dependencia de su joven secretaria —treinta años menor que él— y que estaba "loca de amor": Lotte Altmann, la mujer con la que contrajo matrimonio apenas se divorció de Friderike y que lo acompañaría a la muerte, puesto que ambos se suicidaron en Brasil, en 1942.
Friderike, valiente y serena, continuó su existencia recordando al famoso autor, a quien intentó comprender. Dejó varias obras testimoniales, tales como su Zweig, tal como yo lo conocí y una biografía en imágenes del escritor, así como este Destellos de vida que aparece ahora en notable traducción castellana. Antes que otra biografía, es una remembranza de la vida de Frederike junto a Zweig y después de él. Recuerda a su esposo con cariño, aunque más que describir su carácter o sus costumbres se centra en la descripción a grandes rasgos del mundo que los rodeaba. Como "buenos europeos" y cosmopolitas, los Zweig pasaban temporadas en Italia, Francia o Suiza; conocieron a las personalidades intelectuales de su tiempo: Romain Rolland, Albert Schweitzer, Arturo Toscanini o Joseph Roth eran amigos muy queridos.
Terminado el relato de la época de convivencia, Friderike deja entrever las razones de la separación; recuerda los últimos meses de vida de Zweig, un hombre acosado por confusiones interiores y hasta con cierto trastorno bipolar, e insinúa más de lo que dice. A Zweig lo mató su pesimismo, junto al poco arrojo de su segunda mujer, por lo visto víctima a su vez de una enfermedad incurable; pero también su muerte fue un último gesto de libertad: así prefirió verla Friderike. Ella, luchadora incansable, salió de Europa en compañía de sus hijas y rehizo su vida en Norteamérica.
Coincidiendo con la publicación de estas memorias se publica ahora en una excelente edición la correspondencia de Zweig con Hermann Hesse, otro osado pacifista y "gran europeo", cuya personalidad artística se forjó asimismo a comienzos del siglo XX. Iniciaron su relación en 1903, cuando Hesse escribió a Zweig, cuatro años más joven que él, para pedirle un libro de poemas de Verlaine traducidos por aquél, ya que era demasiado "pobre" para comprarlo. El intercambio epistolar, de mayor o menor intensidad según qué épocas, duraría 35 años. El respeto y la admiración mutuas fraguaron una amistad que se fortaleció a pesar de las mutuas diferencias: Hesse se refugiaba en apacibles localidades rurales mientras Zweig recorría el mundo y amaba las grandes ciudades. Pero siempre tuvieron algo que decirse y los libros que ambos publicaban eran fuente de alegría compartida. Un extraño goce acompaña a la lectura de este epistolario, el que brota de constatar que dos personas que han llegado hasta una elevada altura moral consideran obvias las mismas cosas.

En suma ambos libros son imprescindibles para los admiradores de Zweig y Hesse, también, para quienes se sientan atraídos por aquel fructífero periodo cultural que floreció en Europa a comienzos y mediados del siglo XX, la misma época en que se confabulaban las ominosas fuerzas que pugnaban por devastarla.

Escrito por Luis Fernando Moreno Claros - 4/o7/2009:
STEFAN ZWEIG MAS DE CERCA


TESTAMENTO
Declaracao
Antes de partir de la vida, con pleno conocimiento, y lúcido, me urge cumplir con un último deber: agradecer profundamente a este maravilloso país, Brasil, que me ofreció a mí y a mi trabajo una estancia tan buena y hospitalaria. Cada día aprendí a amar más este país, y en ninguna parte me hubiera dado más gusto volver a construir mi vida desde el principio, después de que el mundo de mi propia lengua ha desaparecido y Europa, mi patria espiritual, se destruye a sí misma. Pero después de los sesenta se requieren fuerzas especiales para empezar de nuevo. Y las mías están agotadas después de tantos años de andar sin patria. De esta manera considero lo mejor, concluir a tiempo y con integridad una vida, cuya mayor alegría era el trabajo espiritual, y cuyo más preciado bien en esta tierra era la libertad personal. Saludo a mis amigos. Ojalá puedan ver el amanecer después de esa larga noche. Yo, demasiado impaciente, me les adelanto.

2 comentarios:

  1. Pues me ha parecido muy interesante la vida de este hombre. Pero creo que más interesante aún es la de su primera mujer, como rehizo su vida una y otra vez.

    Besos.

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  2. Muy sagaz Sofía, me lo has puesto en bandeja, el comentario sería tan largo que lo convertiré, con tu inspiración, en el próximo post. Besos.

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Gracias por tu tiempo.